divendres, 18 de maig del 2012

Els “conversadors” grecs


Joan Pau Inarejos
Hi ha lapsus que sonen a utopia. Aquesta matinada, en el caliu del directe, a l’emissora Catalunya Informació han dit que “els conversadors [sic] grecs” encapçalen el parlament més efímer de la història del país (després han corregit: “els conservadors”). Els conversadors. Quina imatge tan comfortadora. En plena voràgine dels mercats, en plena duresa metàl·lica de la política, arriben els conversadors. Hissant la paraula, com els filòsofs de Rafael quan davallen les escales de l’Acadèmia. És el mateix equívoc feliç que produeixen les notícies quan parlen de “manifestacions a la plaça Syntagma”, evocadora de formes gramàtiques arborescents, malgrat que signifiqui senzillament “plaça de la Constitució”. O el camió que passa fugaç per un carrer d’Atenes, amb el rètol metàfora (μεταφορά), tot recordant que els usuaris de la figura literària més sublim no són més que transportistes de la paraula. Gent que dialoga amb l’ànima dels mots. Conversadors grecs. 

dijous, 17 de maig del 2012

"Soy el que siempre ha estado aquí"

Joan Pau Inarejos 
He tenido un sueño de los que no se tienen todas las noches, y debería decir que afortunadamente. Sumido en la duermevela, he experimentodo un falso despertar y he aquí que veo frente a mí a un hombre monstruoso y taciturno. El extraño ser está sentado en una butaca, cabizbajo, y su silueta apenas se adivina en la oscuridad del cuarto. Tiene la piel verde y rugosa, como un cruce de Hulk y Freddy Krueger, y se diría que vigila mi sueño, cual resignado celador, aunque él mismo parece poseído por una leve somnolencia. Sobresaltado, tomo la palabra:
-   ¿Quién eres?
Responde el hombre monstruoso:
-   Soy el que siempre ha estado aquí.
Entonces se levanta pesadamente, resignadamente, y se dirige al baño. Dispuesto a que el asunto no termine así, le pregunto si tiene propósitos malvados o quiere infligirme daño alguno. Desde el pasillo, parece musitar que no, aunque no se oye bien. Sólo deja su sentencia. Siempre he estado aquí. Como la zarza chulesca de Moisés, que decía yo soy el que soy. Curioso como el guionista de nuestro subconsciente redacta frases tan breves y lapidarias.

Acudo a la literatura onírica, siempre tranquilizadora, donde se habla profusamente de los visitantes de dormitorio. Se trata de un tipo de alucinación hipnagógica (entre la vigilia y el sueño) que ha estado presente en todas las épocas hasta dar pábulo a un sinfín de hipótesis sobre posesiones malignas o abducciones extraterrestres. A veces son sombras, a veces demonios sexuales (los íncubos y súcubos) y en otras ocasiones lucen aspecto alienígena.

Si es así, estoy dispuesto a alquilarles mi habitación de vez en cuando, pero, ¿siempre ha estado aquí? Eso tengo que aclararlo.


dimarts, 15 de maig del 2012

Sentencia del caso ‘Sombras tenebrosas’



En la ciudad de Sant Boi de Llobregat, a quince de mayo de dos mil doce.
   
Visto por este espectador en los cines Filmax Gran Via de l’Hospitalet de Llobregat, Sala Tercera, sesión de las 17 horas constituída para la proyección de ‘Sombras tenebrosas’ de D. Tim Burton, en el Tribunal de Mi Casa (TMC) se dicta la presente sentencia.

FUNDAMENTOS DE HECHO
       PRIMERO.- D. Tim Burton ha colocado en el mercado cinematográfico lo que algunos de sus abogados defensores llaman un nuevo producto del género “gótico-pop”, por octava vez con la cooperación necesaria de D. Jonny Depp, caracterizado éste como un vampiro inglés que despierta en la década de 1970.
       SEGUNDO.- Este tribunal estima el ingenio y potencia visual de la parte introductoria, que transita talentosamente del terror a la comedia del extrañamiento. Para muestra, la escena del suicidio doble en el acantilado, o el tropiezo del vampiro Barnabas con una gran señal luminosa de McDonalds, a la que cree una encarnación del mal, cual pálido Quijote ante los molinos gigantescos (se adjuntan en la sentencia).
    TERCERO.- Sin embargo, los esfuerzos de D. Tim Burton por dar coherencia al producto resultan pavorosamente fallidos, toda vez que a) comete una malversación de fondos fílmicos diversos, desde la serie televisiva originaria hasta los tópicos más repetidos de las películas de fantasmas, pasando por títulos como ‘Los otros’ o ‘La familia Adams’ (de la que parece un remedo a destiempo) y b) comete un nuevo y descarado autoplagio, vampirizando sus propios derechos de autor y renunciando a ir más allá de sus insistentes marcas estilísticas, conocidas bajo el epígrafe de Timo Burton en numerosos documentos no oficiales.
    CUARTO.- Este tribunal considera que el tropel de referencias y pretensiones de ‘Sombras tenebrosas’ está pésimamente encauzado, abre muchos frentes que olvida desarrollar (traumas infantiles, historia de amor, comedia familiar, homenaje al terror clásico, guiño vintage a los años setenta) y desemboca en un clímax ridículo y disonante, como una orquesta donde todos los instrumentos quisieran sonar a la vez (metáfora sugerida por una secretaria del tribunal que estudia solfeo).

FUNDAMENTOS DE DERECHO
      ÚNICO.- Según figura en la jurisprudencia, el acusado ya fue condenado a decapitación por el caso ‘Alicia’ y desde entonces se constata que no ha vuelto a levantar cabeza.

FALLO
Debemos CONDENAR Y CONDENAMOS a D. Timo Burton en concepto de autor responsable de un delito continuado de exceso y autoimitación, a la pena de reclusión en el sarcófago, del que sólo podrá salir cuando se le vuelva a ocurrir una buena película.

Así por esta sentencia lo pronuncia, manda y firma este modesto espectador desde el Tribunal de Su Casa (TSC).

dilluns, 14 de maig del 2012

‘Winter’s bone’ (2010): la feminidad heroica



LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7
  
Lo dicen los libros de historia. Mientras los hombres se acribillaban en las grandes guerras mundiales, las mujeres sostenían la economía con abnegada eficacia. Hay un talante femenino que atraviesa todas las épocas y que poco tiene que ver con las idealizaciones de cuño masculino. No la dama de la cultura cortés, no el eterno femenino de los románticos, no la musa ni la diva, sino la mujer que se arremanga y soluciona los peores entuertos mientras el cromosoma XY está de siesta narcisista. Judith cortando la cabeza de Holofernes en el cuadro de Artemisia Gentileschi. Poco poético, pero rápido y expeditivo.
  
Vaya si se arremanga Jennifer Lawrence, sola ante el peligro en esta América profunda y miserable que retrata con crudeza el drama de Debra Granik. Aunque sus 17 años y angelicales facciones pudieran engañar, la joven Ree Dolly es lo menos parecido a una muñeca de porcelana. En busca de un padre prófugo para salvar la casa de sus hermanos pequeños, la protagonista no dudará en meterse en la boca del lobo de los clanes narcotraficantes, rompiéndose literalmente la cara y bregando con todo tipo de alimañas humanas. Apenas las melodías del banjo, cálidas y coriáceas notas del sur, humanizan esta odisea por los paisajes del crimen, filmada con toda la elegancia y fealdad que la ocasión requería.   
    
Enfrentada a un soberbio John Hawkes –que también estremece lo suyo en ‘Marta Marcy May Marlene’-, Lawrence saca lo mejor de su contenida rabia adolescente y, a pesar de lo descompasado y tedioso de algunos tramos de la película, demuestra que estamos ante un talento inusual, por muchos ‘Juegos del Hambre’ que vengan a vulgarizar su estampa de chica mona. Larga vida a las heroínas de carne y hueso, y para cuándo una estatua a los ovarios bien puestos.

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diumenge, 13 de maig del 2012

‘Margin call': el dream team del desastre


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8,5
En uno de los diálogos más deslumbrantes de ’Margin call’ (2011), un mefistofélico Jeremy Irons intenta convencer a Kevin Spacey de que no se preocupe, que “sólo es dinero” y “nada es real”. Certero y desolador. Tranquilo, Sam. Sólo es dinero. Y el mundo, un gran Monopoly en manos de ludópatas insomnes. Quizá nunca sepamos con exactitud lo que ocurrió el fatídico 15 de septiembre de 2008, cuando Lehman Brothers entró en quiebra y desató la crisis mundial, pero la sensacional ‘Margin call’ se antoja un making off de lo más verosímil.

Especulación y precariedad, despidos ultra-profesionalizados, apagón moral, individualismo selvático. Todos los pecados del capitalismo decadente concurren en esta torre de Babilonia, frágil rascacielos del emporio financiero que estaba a punto de desmoronarse mientras el público miraba abstraído a las Torres Gemelas. Ya podían los superhéroes esperar a grandes monstruos. Ya podían los neocons aguardar al villano con turbante y explosivos. El enemigo estaba aquí, silenciosamente, en los despachos de la gran banca, proyectando ante la pantalla del ordenador sus diseños potencialmente destructivos.

Y, vaya por dónde, fue el becario quien descubrió el pastel. Zachary Quinto, con su halo aturdido de Mr Spock (‘Star Trek XI’, 2009), es la perfecta encarnación de los jóvenes sobradamente preparados, harto mejores y más inteligentes que sus antecesores, que aterrizan con todo su candor universitario en el mundo de los vicios adquiridos. En el tinglado de los viejos que han estado jugando a la ruleta más de la cuenta.

Con gran maestría y dominio del crescendo, el thriller económico de J. C. Chandor nos va llevando cada vez más arriba, descubriendo las sucesivas muñecas rusas de la macroempresa, con un escalafón que sube en responsabilidad y estética mafiosa lo que baja en conocimiento y manejo de lo que está ocurriendo. Zachary Quinto, Paul Bettany, Kevin Spacey, Simon Baker, Demi Moore y el totémico Jeremy Irons componen este dream team piramidal, un retablo de egos soberbiamente interpretados, que se alía con una narración de hierro y una pasión por el detalle corrosivo: ahí está el ejecutivo agresivo, corresponsable de la hecatombre mundial, que llora desconsoladamente... por su perro.

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dimecres, 9 de maig del 2012

Cuando la banca toca la lira de Nerón

Joan Pau Inarejos
Este es el cuadro: mientras cunde la angustia en hogares y empresas, la publicidad bancaria insiste con un mundo de ventanas, sonrisas de bebés y jóvenes idealistas. El dinero no llega a ninguna parte, pero de todas partes salen suaves voces en off que nos hablan de un futuro dorado. Cuántos anuncios nos erizan el vello, cuántas bandas sonoras tocan nuestra fibra más humanista, hasta que aparece el logotipo financiero, como un puñetazo en el ojo, y nos amarga el día. En este concierto de lira de Nerón, un hilo musical non stop, no faltan las notas del BBVA, que nos conmina a ir “adelante” sin que sepamos exactamente adónde. O CatalunyaCaixa, que, a punto de ser absorbida por una gran entidad española -o eso dicen-, nos deleita con un muestrario sentimental de la catalanidad y termina halagando nuestro carácter estalviador, como una despedida encubierta a lo Verdaguer (“dolça Catalunya, qui de tu s’allunya, d’insolvència es mor”). Por no citar el Banc Sabadell, que vende experiencias vitales en blanco y negro para colar hipotecas 2.0. Pero el colmo de la publicidad engañosa lo ha perpetrado Bankia, que hasta ayer seguía proclamando aquello de “Hemos abierto una cuenta al futuro”. Una frase bella y sugerente, escrita entre los mostradores que Rodrigo Rato pintó de verde lima. Lástima que, afuera, el futuro se había quedado en el paro.

dimarts, 8 de maig del 2012

‘Los Vengadores’: en busca del guion perdido


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 4
Lo más humillante para un superhéroe es aburrir. No hay nada tan lastimoso como ver a un salvador del mundo, enfundado en su traje elástico, rematando la función sin haber entretenido al personal. Llevar capa es mucha responsabilidad. Y arrastrarla, un pecado. Mandamientos aún más preceptivos cuando se trataba del anunciado dream team de la Marvel, una coalición galáctica entre el Capitán América, Hulk, Iron Man, Thor y la Viuda Negra, unidos contra un dictador marciano. El cartel ya olía a palomitas.

Pero el paisaje tras la batalla es desolador. Entre las ruinas de estos ciento cuarenta minutos (ojalá Angela Merkel tuviera competencias en Hollywood para recortar metrajes) sólo se mantiene en pie el gran Robert Downey Junior. Nuestro Iron Man, gozosamente golfo y viperino, metálico álter ego de Sherlock Holmes, parece el único portador de vida inteligente. El resto son figurantes de un guion que quiere estar en misa y repicando, pues pretende ser un vibrante macroespectáculo a la vez que una divertida autoparodia y no consigue ninguna de las dos cosas. Un fracaso talla XXL.

Algunos andan con cara de tontos, como Chris Evans (Capitán América) o el inefable Chris Hemsworth (Thor), que parecen salidos de una fiesta de disfraces en un centro de culturismo -no confundir con centro cultural- con barra libre de anabolizantes. Otros, como Jeremy Rehner o el bueno de Samuel L. Jackson (ay) se han dejado secuestrar por guionistas con mentes de destrucción masiva. A Scarlett Johansson (Viuda Negra), ya pueden ponerle todo el maquillaje dramático que quieran, que aquí es puro mobiliario sexual. Y Mark Ruffalo (la Masa) apenas pone el punto entrañable con sus mamporros a destiempo.

Si nos tienen que salvar Los Aburridores de Joss Whedon, casi mejor que se acabe el mundo. Igual será más divertido.

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dissabte, 5 de maig del 2012

Nos hiciste llorar sin afligirnos


Joan Pau Inarejos
En una de sus breves y deliciosas pesquisas de detective cultural, como gusta de presentarse José Antonio Marina (suplemento ‘Es’ de La Vanguardia, 5/5/2012), el autor lamenta la “mala reputación” que padecen las verduras en el diccionario, una “campaña de denigración lingüística” que nos impele a dar calazabas, a ver como patatas las cosas que no funcionan o a importarnos todo un comino o, en su defecto, un rábano. Dice el filósofo que “ha llegado la hora de limpiar el honor” de las pobres verduras, víctimas de una asociación clasista con la miseria y con la obscenidad, y sin embargo tan bellas y ricas en vitaminas. Sin olvidar, añadiríamos nosotros, su gran cordialidad y discreción en nuestras entrañas, frente al revanchismo de las carnes, frituras y salsas que, con sus indigestiones camorristas, jamás nos perdonan haberlas comido.

Y para promover esta rehabilitación moral, qué mejor que acudir a la poesía. Pablo Neruda, como recuerda Marina, fue el único que se acordó de las humildes hortalizas. Como la alcachofa, con quien tengo algo personal por mi doble condición de samboyano y de periodista (Sant Boi, tierra de confines agrarios; la radio, sembrada de micrófonos que reciben este apodo verdulero). El genio chileno quiere verles un deje castrense: “La alcachofa / de dulce corazón,/ se vistió de guerrero (…) /  y un día / una con otra / en grandes cestos / de mimbre, caminó / por el mercado / a realizar su sueño: / la milicia. / En hileras / nunca fue tan marcial / como en la feria".

Tampoco olvida Neruda a sus compañeras de huerto: “En el subsuelo / durmió la zanahoria / de bigotes rojos, / la col / se dedicó / a probarse faldas, / el orégano a perfumar el mundo”. Y capítulo aparte para la incomparable cebolla, con su piel redonda, intrincada y cristalina. Para ella tiene el poeta una de las loas más hermosas que se pueden dedicar: “Nos hiciste llorar sin afligirnos”.

dijous, 3 de maig del 2012

‘Martha Marcy May Marlene’: quién lo iba a decir


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
Quién lo iba a decir, pero una película sobre sectas puede ser bella. Quién lo iba a decir, pero la hermana pequeña de las estomagantes gemelas Olsen se ha revelado como una actriz deslumbrante. Quién lo iba a decir, pero un director novel no parece empeñado en exhibir la cola de pavo (el síndrome del pap ple, como nos decía un profesor en la facultad de periodismo), sino en bastir un relato elegante y minimalista, digno de los maestros. Todas estas sorpresas agradables confluyen en ‘Martha Marcy May Marlene’, uno de esos acontecimientos cósmicos que logra alinear la dirección, el apartado artístico y el interpretativo en una constelación de lujo.

La temática amenazaba lo peor. Una joven perdida cae en las garras de una congregación en medio del bosque, para después escapar e intentar olvidar. Material inflamable. Pero, a años luz del teledrama cutre que podría esperarse, Sean Durkin cincela una obra de artesanía, pausada y cuidada en sus más mínimos detalles, y rehúye cual gato escaldado dos peligros fáciles como la morbosidad y la estrellitishollywoodiense. Todos están en su papel: la primera, Elizabeth Olsen, brillante y llena de matices, perfectamente empatizada con el sufrimiento y el bloqueo emocional que atenazan a su personaje. También John Hawkes, el escalofriante líder de la secta, de mirada torva e inquietantes apariciones. Un villano de los que se mete en las pesadillas, cual Freddy Krueger que uno no puede despegarse de la sesera. Impecables los secundarios, esos jóvenes fríos y expeditivos que alternan sus servidumbres agrarias con espeluznantes atracos nocturnos (ese puñal). La sensacional fotografía de Jody Lee Lipes hace el resto, con sus tonalidades oscuras y desaturadas.

Al fin, la película de las cuatro emes deja un poso amargo, un trágico dilema. ¿Qué es peor, la cárcel del fanatismo, o la libertad infeliz del apartamento? ¿La frialdad de tu propia familia o la hermandad sectaria, donde al fin y al cabo uno encuentra su lugar y hasta su nombre? En 'El Mago de Oz’, Dorothy repetía incansablemente aquello de que “se está mejor en casa que en ningún sitio”, pero  la melancólica Martha Marcy May Marlene, desterrada entre dos mundos, no parece tenerlo muy claro.

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dimecres, 2 de maig del 2012

Santos del pueblo


Joan Pau Inarejos
Guardados en el trastero, agazapados en la recámara, inquietantes seres inertes, como los juguetes de ‘Toy story’ cuando fingían ser chismes inanimados en el cuarto de Andy. Así se nos presentan los ‘Santos del pueblo’ de José Gutiérrez Solana, pintor cántabro que nos dejó en 1929 esta singular escena de imaginería, recientemente expuesta en el Museu d’Art de Cerdanyola y actualmente en manos de la Fundación Mapfre.

La humilde composición, con su desordenada retahíla de figuras barrocas, hereda una de las más genuinas especialidades del arte español: ensalzar lo feo, atender a lo deforme, escarbar en la hojarasca de las cosas prosaicas para extraer de ellas una ironía oscura o una belleza terrosa. Ahí están los bufones de Velázquez, mirándonos en los pasillos de El Prado. O las pinturas negras de Goya, con sus peleles y sus viejos comiendo sopa. O el ‘Botero’ de Zuloaga, contemporáneo de Gutiérrez Solana, un enano cejijunto a quien Unamuno consideraba, quizá con cierta sorna, como un místico encubierto (“Si vieras qué filósofo… ¡no dice nada!”). La plástica hispánica ama lo concreto y recortado: “no nacieron aquí los mundos difuminados en niebla, de hadas y gnomos”, por citar de nuevo al castizo y clarividente Unamuno.

Gutiérrez Solana escarnece la España negra a la vez que hace un tácito homenaje al arte religioso folclórico: estos santos del pueblo, vistos con el ojo naturalista del pintor, entran en la categoría de objetos pop, y rezuman el discreto encanto de los pongos (recuérdese, esas figuras de dudoso gusto que acostumbran a regalarte por compromiso y sobre las cuales te preguntas: ¿Y esto donde lo pongo?). A un servidor le gustaría salir de la recámara de la parroquia e imaginar que los Santos del pueblo cobran vida y se ponen a reñir como Woody, Buzz Lightyear y el Señor Patata.