dilluns, 1 d’agost del 2011

Rarezas iconográficas: la 'Trinidad Paternitas'


paternidad
JOAN PAU INAREJOS
Este es uno de los habitantes más singulares de Soria. Se le puede encontrar en el tímpano de la iglesia románica de Santo Domingo (siglo XII) y es verdaderamente caro de observar. De hecho, sólo hay cinco como él en todo el mundo. Corría el verano de 2007 cuando pasé a su vera y decidí inmortalizarlo en mi cibernético banco de imágenes. 

A cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la iconografía cristiana medieval no puede más que sorprenderle un detalle capital, que quizá un primer vistazo dejaría desapercibido: en el lugar que suele ocupar la Virgen, con el Niño Jesús en su regazo, se encuentra un hombre. No es otro que Dios Padre, cobijando a su criatura en un modo insólito para un arquetipo clásicamente viril, habitualmente representado con aire severo y solitario. Rara vez aparece Dios Padre en su condición de progenitor y mucho menos de cuidador, puesto que, a diferencia de Cristo y María, no es un ser de carne y hueso. 

El por qué de esta efigie harto minoritaria (únicamente tiene réplicas en Silos, Tudela, Santiago y Santo Domingo de la Calzada) parece tener raíces teológicas: se trataba de afirmar la divinidad de Jesús, cuestionada por la herejía arriana (Arrio, presbítero de Alejandría del siglo IV) y ensalzada por la posterior cristiandad oficial, para cerrar así el dogma de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo son una misma persona). 

De ahí que el icono se llame precisamente Trinidad Paternitas, dejando, por cierto, definitivamente fuera de juego al pobre San José... No puedo evitar una personal postdata para el abnegado carpintero y padre putativo que, a pesar de haber aceptado matrimonio en bochornosas circunstancias y de haber recorrido medio Oriente Próximo en busca de alojamiento y escondrijo, se ha quedado sin la pertinente gloria mediática.

Estudio de la obra soriana a cargo de Esther Lozano López:
http://www.tesisenred.net/bitstream/handle/10803/8604/ll.VII.TIMPANO.PDF?sequence=12

dissabte, 30 de juliol del 2011

Carta al Club de los 27

Por JOAN PAU INAREJOS

No son las canas incipientes. Desengañémonos. Tampoco son las ojeras, ni la consabida curva de la felicidad (brillante obra maestra del arte del eufemismo), ni la mayor dificultad para concatenar cervezas a altas horas de la madrugada, ni la excursión sin marcha atrás al mundo de las responsabilidades, ni las renuncias, ni la promiscuidad con el paro o con la rutina laboral, ni la pareja estable, ni la anatomía inestable, ni el debut en la siempre peligrosa contratación de productos financieros y/o inmobiliarios. No, amigos, no es la añoranza de las vacaciones ilimitadas, no son los primeros estremecimientos al comparar fotos, ni el impensado despertar de los instintos paternales (¿yo?), ni quedarse solo tarareando aquella canción del año de las olimpiadas.

La verdadera señal de alarma no eres tú, son los demás: los futbolistas que ya son más jóvenes que tú, los cantantes que ya son más jóvenes que tú, los actores que ya son más jóvenes que tú, y que tienen -habráse visto- el santo atrevimiento de pasarte por los morros su lozanía y su repelente condición de "nuevas promesas" o "personajes revelación". Irrumpe entonces una pregunta terrible, que debe formularse a oscuras o bien a la luz de un crepúsculo, modalidad Lo que el viento se llevó: ¿Yo ya he sido revelación? ¿Quizá uno se revela sin mayores sobresaltos y no había para tanto jaleo? ¿Acaso soy ya una promesa cumplida? ¿Desde cuándo? ¿A lo mejor fue el otoño pasado? No tardaremos en pasar a la casilla de maduros interesantes, pero mientras tanto, como decía Serrat, ¿quién clarifica nuestros derechos?

Hombre, antes había algunas certidumbres. Por ejemplo, que las estrellas de la música supuestamente derruidas por la mala vida y las drogas siempre pertenecían a quintas anteriores, a generaciones perdidas y decadentes que nunca alcanzaríamos. Hoy vemos las flores y obituarios para la malograda Amy Winehouse, alguien que podría haber ido a nuestra clase.

Joan Pau Inarejos (nacido el 1 de noviembre de 1983)
Foto: Reuters

dijous, 28 de juliol del 2011

'Ice age' (2002): La sencillez de las buenas prehistorias

LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7
Parece que fue ayer, pero está a punto de cumplirse una década de la Edad del Hielo... cinematográficamente hablando, claro, aunque la popular franquicia de Blue Sky Studios nos traslada la friolera de veinte mil años atrás para seguir los pasos de una manada altamente disfuncional, formada por un mamut (Manfred) un perezoso (Sid) un tigre de tremendos colmillos (Diego) y un niño humano de aspecto lapón, que recala accidentalmente entre ellos para causarles todo tipo de contrariedades paternofiliales, con el consabido encariñamiento de los padres por accidente.
       
Como una versión pleistocénica y puesta al día de 'El libro de la Selva' (además del Mowgli esquimal, Diego nos recuerda a la pantera Bagheera y Manfred al entrañable oso Baloo), la fábula glacial no se anda con filigranas ni pretenciosidades, y tiene el buen gusto de servirnos simplemente una comedia de aventuras en los páramos agrestes donde hombres y bestias pugnaban por su territorio. Chris Wedge y Carlos Saldanha amenizan la función con persecuciones cómicas y escenas de acción resultonas, como la caída interminable por los túneles de hielo, sin olvidarse, como San Pixar obliga, a dotar a sus criaturas de cierto empaque psicológico: para muestra, ese mamut traumatizado por la pérdida de su familia, que rememora el drama en una brillante recreación sobre las pinturas rupestres de una cueva. Tras el hielo hay ternura.
   
Aún hay que añadir algo: lo mejor del breve metraje de 'Ice Age' son sus dos minutos finales, donde la pequeña ardilla Scrat, ya convertida en una estrella de la animación por méritos propios, culmina su eterna cacería de la bellota en un sketch magnífico y desternillante, capaz de descongelar las sonrisas más exigentes.

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dimecres, 27 de juliol del 2011

'Insidious': Cariño, he abducido al niño


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6
Casa encantada. Niño raro. Madre histérica. Padre escéptico. Bombilla parpadeante. Buhardilla oscura. Niñas con vestido de comunión estilo años veinte. Gente que se pregunta "qué está pasando" y afirma "yo no creo en estas cosas". ¿Les suena? Exacto, son las constantes que nunca faltarían si quisiéramos hacer una película de terror típica y tópica, y a ese molde se adapta con entusiasmo 'Insidious', un producto cien por cien del género, rendido a los pies de la serie B más ochentera, casposa y entretenida, aunque bien es cierto que James Wan y compañía ('Saw', 'Paranormal activity') no se privan de algún ramalazo de creatividad.
   
La historia de Dalton, un churumbel que cae en un misterioso estado de coma tras accidentarse en casa, empieza con las cartas boca arriba: tras unos créditos efectistas y humeantes, aparece la casa en blanco y negro, con un pasillo estrecho que ya nos da pasaporte a los trillados territorios de Kubrick ('El resplandor'), Polanski ('La semilla del diablo), y sobre todo de la célebre 'Poltergeist' (1982), clásico para-freaky por excelencia, cuyo argumento tiene un reflejo evidente en todo el metraje (medium benefactora incluída, aunque ninguna cazafantasmas de tres al cuarto tendrá nunca el carisma de la menuda Zelda Rubinstein, que en paz descanse). Tampoco faltan a la cita 'Los otros' de Amenábar, con su canon moderno de fantasmas-niños-y-ancianas-cubiertas-de-velos, ni por supuesto el Sancta sanctórum del género, el inagotable 'El exorcista' que desde 1973 viene convirtiendo la visita al desván y al cuarto del niño en conductas potencialmente arriesgadas (además de consagrar las camas infantiles como tremendos artefactos psicomotores).


¿Lo mejor? Sin duda su capacidad para crear atmósferas envolventes, porque siempre nos darán escalofríos las exploraciones bien filmadas a nuestra propia casa... más aún cuando chirrían las vigas, se oyen carcajadas o asoman objetos turbadores, como un caballito que se balancea solo. En este primer tramo gozamos de las escenas más elaboradas y austeras, como las sobrecogedoras escuchas a través del walkie del bebé o ese momento en que la madre de Dalton otea el interior de la casa desde una ventana abierta y ve un personaje de aire antiguo bamboleándose de espaldas al son de una estridente música folk sesentera.
   
Pero así como la pornografía suele arruinar el erotismo, también la mayoría de películas de terror suelen naufragar cuando matan el suspense, destapan sus iconógnitas y empiezan a desfilar los monstruos y las criaturas de las tinieblas (cámbiense los 'aaaaaah' del cine X por los 'buuuuuuh' del cine de terror, y  se verá que tampoco hay tanta diferencia). 'Insidious' no es una excepción, con el agravante de que sus monstruos se antojan sonrojantes monigotes de parodia: ahí está ese diablo saltarín de cara roja, recién salido de un Correfoc de fiesta mayor, esos fantasmas estáticos de porcelana que parecen diseños para el Halloween de Port Aventura, o la estomagante bruja anciana que se marca su chotis final en forma de inverosímil giro narrativo. Pues eso, que te diviertes.

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dijous, 21 de juliol del 2011

La Virgen falsa

 
JOAN PAU INAREJOS
He aquí una rareza iconográfica que nos sorpende leyendo 'El ojo místico' (1995), un ensayo sobre el barroco religioso del profesor Víctor I. Stoichita. Nada menos que la Virgen María aparece aquí convulsionada, tapándose los ojos como si estuviera deslumbrada, con los mantos erizados y huyendo a la guisa de un demonio exorcizado ante la llegada de un beato. Es 'San Pedro Mártir desenmascarando la falsa Virgen' del pintor Filippo Abbiati (1700). ¿Una Virgen falsa, impostora? Parece una herejía, o una provocación iconoclasta, pero en realidad, de este modo casi cómico, el cuadro refleja una inquietud real de la cúpula eclesiástica de la época; la necesidad de discernir las visiones verdaderas de las fraudulentas, para evitar que cualquier insensato con alucinaciones pasara por místico clarividente. A San Pedro le toca, pues, ejercer como detective del más allá. Para mayor rigor, ahí van las explicaciones del profesor:

VICTOR I. STOICHITA
Un problema que obsesionó sobre todo en el Medievo tardío es el de las falsas visiones. Jean Gerson elaboró incluso, en su 'Distinctione Verarum Visionum a Falsis' (1401), una verdadera técnica de visiones impuras, que atribuyó al frenesí, a la manía o a la melancolía. Pese a una codificación de leyes estrictas del "discernimiento del espíritu", los peligros de la ficta visio siguen siendo uno de los mayores problemas de la experiencia mística. Textos importantes de la espiritualidad católica de los siglos XVI y XVII nos hablan de ella, y la conclusión más evidente que se puede sacar es la siguiente: "No existe visión que sea completamente cierta". Por esta razón, es preciso, a ser posible, resistir a la visión, intentar alejarla y rechazarla, como si fuera una broma de la imaginación. Las actas de la Inquisición rebosan de confesiones sobre este fenómeno y, por otra parte, la pintura trata del tema del rechazo de la falsa visión en cuadros que producen un vuelco dramático de la iconografía tradicional de la visión infusa.

Victor I.  Stoichita, 'El ojo místico. Pintura y visión religiosa en el Siglo de Oro español', 1995

El cuerpo o la cruz

JOAN PAU INAREJOS
El Renacimiento, aún imbuído de espíritu clásico, nunca oculta su apego a la corporal y su fe en el ser humano como centro armónico del cosmos: de ahí que el mismo Jesucristo en el calvario aparezca siempre con su rotunda carnalidad, simétrico y frontal, casi como un torso griego o a la manera del famoso hombre de Vitrubio de Leonardo. Pero en el siglo XIX, tal como subraya el profesor de estética Rafael Argullol ('La atracción del abismo', 1983) las tornas han cambiado: la ciencia ha desplazado la Tierra a la periferia del universo,  el Rey Adán se ha convertido en el último mono y los artistas románticos son los encargados de pintar el nuevo estado de ánimo: ya no somos testigos directos del crucificado, sino espectadores lejanos de la cruz, apenas un monumento melancólico y mineral perdido entre la niebla.
RAFAEL ARGULLOL
Es enormemente elocuente comparar la representación iconológica de la Cruz -y de la Crucifixión- en el Renacimiento y en Romanticismo, por tratarse de uno de los grandes temas de la pintura occidental, Caspar David Friedrich, que lo trata en multitud de ocasiones, es perfectamente representativo de la estética romántica; la desantropomorfización se consuma, en este caso, con la irrelevancia que adquiere el cuerpo de Cristo en relación a la habitual grandiosidad de la Naturaleza e, incluso, en relación a la misma cruz. Frente a ello, ninguna de las grandes obras renacentistas que se ocupan del tema deja de dar una absoluta prioridad a la representación corporal de Cristo.

Rafael Argullol, 'La atracción del abismo', 1983(reeditado 2000)
Imágenes: Crucifixión de Mantegna (siglo XV) y Cruz de Rügen de Friedrich (siglo XIX)

diumenge, 17 de juliol del 2011

'Cars' (2006): la fórmula del número 1



LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
Lo consiguieron con juguetes ('Toy Story'), lo consiguieron con insectos ('Bichos'), lo consiguieron con peces ('Buscando a Nemo') y en 2006 llegó una prueba de fuego para los maestros de la Pixar: pergeñar una comedia de aventuras protagoniza por coches, con la misma calidez y vivacidad de sus predecesores, pero con pneumáticos en vez de pilas y chapas relucientes en vez de antenas o bronquios. Y vive Schumacher que superaron la prueba.

Cómo se consigue humanizar un automóvil, dotar de psicología a un Cinquecento  o sacarle la vena cómica a un pequeño montacargas es algo que sólo está al olímpico alcance de John Lasseter y compañía. A la chispeante historia de Rayo McQueen, un coche de carreras petulante que intenta llegar por todos los medios a la Copa Pistón de Los Angeles, no le falta ninguno de los ingredientes que han hecho irresistible la Fórmula Pixar: la maestría en la caricatura, los giros de guión, el humor tierno, el perfeccionismo técnico obsesionado con los acabados, el apabullante dominio de las escenas puramente visuales, el homenaje al clasicismo y al cartoon, el guiño al glorioso cine de aventuras de los años 80 y 90 (el de 'Indiana Jones' y 'Regreso al Futuro') y esa mirada entre cariñosa e irónica hacia los juguetes que se creen superhéroes, que es tanto como decir que 'Toy Story' fue el acto fundacional de un nuevo canon.

Si en 1995 sentíamos la habitación de Andy como si fuera la nuestra, en 'Cars' el pequeño microcosmos se traslada a un lugar tan insólito como un pueblo desértico y abandonado en un meandro de la mítica Ruta 66, que cruza los Estados Unidos, donde Rayo recala tras un accidente. Guionistas y animadores trazan con maestría las penalidades y solidaridades de esta abandonada comunidad, donde destacan Mater, una grúa oxidada y de carácter zumbado; también la bella Sally, un Porsche azul que ejerce como abnegada activista social (y cooperadora necesaria de la consabida love story), o el veterano Doc Hudson (voz original de Paul Newman), una vieja carroza que tiene su célebre pasado muy bien escondido.

Puede que no sea una de las mejores, pero sí una de las más arriesgadas y creativas películas de animación que han salido de la factoría del flexo, cuyos artistas han demostrado que se atreven con todo, rompen convenciones y facilidades allí donde se presentan, y hasta logran fascinar a los que, como un servidor de ustedes, la Fórmula 1, el mundo del motor y sus  atronadores aledaños se la trae lo que viene siendo flojísima.

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dimecres, 13 de juliol del 2011

'Beginners': calladitos están más guapos

Atención: la crítica contiene pequeños detalles del argumento

LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7
No sé si es una buena noticia para el cine, pero de un tiempo a esta parte muchos pasajes mudos resultan bastante más interesantes que la mayoría de diálogos escritos en las terminales de Hollyood, de Europa o del tan lisonjeado cine indie (independiente). Quizá el ejemplo sea un poco extraterrestre, pero pienso en los primeros y maravillosos sesenta minutos de 'Wall-E' (Pixar), donde asistimos a la insólita historia de amor entre dos robots basada en el puro showing frente al telling (mostrar, no contar). Luego, desgraciadamente, las palabras lo echan todo a perder y el sutil encanto del relato, esa intimidad del espectador con la historia, se esfuma cual azucarillo.

Algo lejanamente parecido ocurre en 'Beginners', historia autobiográfica del director Mike Mills: no hay aquí androides animados, sino humanos de carne y hueso, con las simpáticas facciones de Ewan McGregor y Mélanie Laurent  (Oliver y Anna), dos solitarios, dos inadaptados, elegantemente raros que lucen un irónico sentido del humor (como corresponde a los patrones del nuevo romanticismo indie, con ganas demasiado visibles de dar una réplica intelectual y alternativa a la comedia amorosa de toda la vida, y no citaré ejemplos por no agotar la memoria de Blogger).

Los susodichos donceles -él, hijo de un matrimonio sexualmente disfuncional y proclive a hablar con su perro; ella, una actriz perdida en el mundo y de progenitores no menos desastrosos- cruzarán sus vidas de manera casual, disfraces mediante, y en esta atípica pista de cortejos mutuos florece lo mejor de la cinta: sin palabras, literalmente sin voz, sin apenas recibir información el uno del otro, Oliver y Anna se irán embelesando el uno del otro, en un tráfago de encuentros y de notas escritas, de brevedades cómplices que demuestran cómo el enamoramiento puede vivir y colear sin el pesado dogma de la verbosidad y hasta sin sexo en la primera noche (todo lo cual fue magistralmente demostrado hace una década por 'Lost in translation').

Mientras dura este estado de ambigüedad nocturna, 'Beginners' atrapa y seduce, pero, como les pasó a Wall-E y Eva, enseguida vienen las explicaciones, los dramones y las autobiografías a subir la persiana, enseñar las bambalinas y sacarnos del dulce ensueño de los desconocidos. Cierto que al final todos los humanos acabamos siendo más vulgares de lo que parecemos a simple vista, pero ¿no estaba el cine  para hacernos volar por encima de nuestros pies? Afortunadamente, un ingenioso final retrocede al punto de partida y los beginners, o amantes debutantes, que diría Serrat, vuelven a la luz de las velas.

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dilluns, 11 de juliol del 2011

Los Reyes Magos, último mito infantil

JOAN PAU INAREJOS
Desalentadora constatación del profesor de literatura española Manuel Martín Sánchez: tras siglos y siglos de una mitología popular riquísima que ha deslumbrado y constituído la visión del mundo de los niños -desde las hadas hasta los duendes, pasando por los diablillos, los ángeles de la guarda y tantos otros-, hoy hemos despojado la imaginación de nuestros hijos hasta tal punto que sólo les quedan prácticamente los Reyes Magos, como útimo reducto de la fantasía auspiciada y patrocinada por los adultos. ¿Será por eso que hablar sobre la identidad de Sus Majestades es el último gran tabú al servicio del misterio y lejos de la razón?
MANUEL MARTÍN SÁNCHEZ
"El mundo mítico de nuestros niños se reduce hoy a la cigüeña, los Reyes Magos y el Ratón Pérez; casi todos los demás seres han sido laminados"

Si se analiza con detenimiento, el mundo mítico de nuestros niños se reduce actualmente, hablo en términos generales, a la cigüeña, los Reyes Magos y el Ratón Pérez, a los que se puede añadir el moderno y foráneo Papá Noel, tras el casi general y afortunado arrumbamiento de toda una serie de seres cuya misión era asustar, como el Coco, el Hombre del Saco, el Sacamantecas y demás compinches, los cuales hoy apenas son utilizados por un puñado de personas contumaces en creer en el miedo como forma educativa. Casi todos los demás seres de nuestro riquísimo imaginario popular han sido literalmente laminados por unos medios de comunicación cada vez más homogeneizados.


Seres míticos y personajes fantásticos españoles, de Manuel Martín Sánchez (2002)