dimecres, 22 de juliol del 2009
dissabte, 18 de juliol del 2009
La agilidad
JOSÉ ANTONIO MARINA
Leo la Suma Teológica de Tomás de Aquino, un libro que atesora gran parte de la sabiduría medieval, y tropiezo con una idea fascinante. Aquino cree en la resurrección de los cuerpos, y se pregunta cómo serán esos cuerpos resucitados, esos cuerpos "gloriosos". El buen dominicio no se arredraba ante la dificultad. Responde con gran convicción que una de sus características será la agilidad. La define como al sumisión completa del cuerpo a la idea.
Como la capacidad de moverse de acuerdo con el espíritu. No sé si les he contado que yo estudié filosofía porque en mi adolescencia lo que verdaderamente me emocionaba era la danza. Quería dedicarme a algo que tuviera que ver con el baile. Como en España esa época no había escuela de danza, ni siquiera una compañía de ballet estable, pensé que mientras se aclaraba mi porvenir, estaría bien adquirir una cultura artística, y para ello comencé a estudiar Filosofía y Letras.
Entonces descubrí que lo que me emocionaba del baile era algo que trascendía el baile. Era la experiencia de convertir el esfuerzo en gracia. Aún sigo trastornado por esa experiencia. El bailarín trabaja, ensaya, suda en la barra para conseguir la agilidad y que no se note el esfuerzo. Para que su cuerpo sea dócil bajo el poder la música.
"Oh, cuerpo curvado por la música, / oh mirada iluminada! / ¿Cómo podríamos distinguir / el danzante de la danza?".
Así canta Yeats. Así quería ser yo (...). Entrenarse es duro, pero jugar con soltura es magnífico. Me pareció que la filosofía era un modo de bailar. Nietzsche dijo que era bailar por encima de uno mismo. Cuando experimentamos la torpeza, la limitación, la pesadez, la agilidad parece como la gran utopía. Los griegos consideraban que la gracia era el dinamismo de la belleza, la belleza que nos contagia su dinamismo y que experimentamos por ello como eu-foria: somos bien-llevados por ella. En ese instante de arrebato, escribía Ortega, "la onerosa vida pierde peso, se torna ligera, ágil, rapida, en suma alacer". Alacer es la palabra latina de donde viene la nuestra alegría. Por otra parte, alacer corresponde al vocablo griego elaphos, que designa los mismos valores, lo sin peso, ligero, y rápido. De aquí que elaphos signifique el ciervo.
De todas estas cosas hablé hace unos días en Bilbao a entrenadores y profesores de educación física. Quería que comprendieran que su tarea es profunda y hermosa, como la agilidad. Isaías convertía al justo en un atleta al decir de él: "Correrán sin cansarse".
El inagotable Tomás de Aquino señala otra cualidad del cuerpo glorioso: la claridad. La pintura tradicionalmente la representaba como un halo luminoso en torno a la cabeza de los santos. Es la irradiación de la verdad, de la bondad, de la belleza. En un bosque enmarañado nos encanta descubrir un claro. Y es una experiencia inolvidable.
Arte copy-paste
AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO
(...) el handicap, hoy, de las artes "matéricas" como la pintura o la escultura, es que no pueden "palparse" en la Red, lo que las invalida como objetoflujo (premisa casi inevitable para que algo se considere contemporáneo). Es verdad que, por otra parte, como ya casi único exponentes de aquellos tiempos en los que la materia aún importaba, ess obras "matéricas" parecen tener aún más "aura", esa metafísica propiedad que hacía del objeto una obra irrepetible, pero ocurre que con la amplificación global del fenómeno de la copia, el "aura", ya casi ha dejado de tener valor para los contemporáneos consumidores de arte.
Parece como si todo objeto de arte contemporáneo tuviera que someterse a tres premisas: 1) que se pueda comprimir en un archivo informático, 2) que ese archivo esté preparado para fluir por la red, y 3) que sea susceptible de ser copiado. Así la fotografía, así el videoarte, así las perfomances filmadas, que cada vez cobran tanto valor como in vivo, así el arte conceptual, en el que la materialidad, no es más que un soporte subordinado al concepto; por no hablar del cine, la música y la literatura, en los que el "original" carece de valor por no existir.
La obra de arte es ahora intercambio de información, o no es. Y la información, de momento, fluye en voluptuoso caudal en la Red. No son malos tiempos para las artes, que explosionan cada día arrojando miles de fragmentos seminales, sino que son malos tiempos para la sacralización de los objetos artísticos. Se construyen museos más y más preciosos, para un concepto en estado de ruina.
divendres, 17 de juliol del 2009
dilluns, 13 de juliol del 2009
'Tres dies amb la família': Erasmus interruptus
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA¿y tú qué opinas? ¿qué películas te han gustado últimamente?
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
Lo mejor. Tres días es lo que dura este silencioso y magistral descendimiento a la telaraña de miserias y desamores que anida en los bajos de una familia acomodada cualquiera. Como un tríptico irónico, la banal sucuencia del sepelio del abuelo (tanatorio-funeral-entierro) sólo sirve de telón de fondo, de pretexto narrativo, para la verdadera tragedia: el desafecto profundo entre parientes que apenas trascienden sus burbujas psicológicas y emocionales.
Con un realismo rotundo, con una prodigiosa sensibilidad -escamosa y llena de matices-, con un montaje sereno y desenvuelto donde no sobra ni falta nada, la jovencísima Mar Coll (¡28 años!) nos susurra sobre muchísimas cosas en muy poco tiempo (¡86 min!), y lo hace con un elenco de actores en estado de gracia.
Nausicaa Bonnín regala su fría mirada azul al personaje de Léa, joven que se ve atrapada entre su Erasmus interruptus en Francia -sueños truncados de lejana emancipación- y el regreso a una familia descompuesta a la que sólo puede mirar con desprecio.
La vemos humillada y desasida frente a los juegos inmaduros de sus padres separados, unos impresionantes Eduard Fernández y Philippine Leroy-Beaulieu. La vemos rota de desencanto ante las peroratas del patriarca Pere (Ramon Fontserè) sobre la familia unida. Y la vemos huyendo de la asfixia familiar, en una fantástica escena, a la secreta alcoba de los abuelos, oscuro cuarto con vistas al mar donde las primas comparten su amarga tristeza infantil.
Como un Lost in translation mediterráneo, esta película trilingüe -catalán, castellano y francés- habla de soledad intraducible y de desamparo profundo desde los ojos de una joven urbanita desarraigada. Y habla de vanas rebeldías: ved esa madre locuela y hedonista (Philippine Leroy-Beaulieu), que da una sonora patada al endreçat sanedrín familiar, mientras todo sigue imperturbable: la escudella must go on.
Sin resolución, sin catarsis, sin golpes de efecto, Tres dies amb la família se cierra simplemente con el embadurnado del cemento sobre la lápida. Porque ya ha dicho todo lo que tenía que decir.
Lo peor. Eso sí, nos hubiera gustado oírlo todo con más precisión: a veces, con la cosa del realismo sucio, a los montadores se les va la mano y acabamos escuchando apenas una sucesión de susurros y balbuceos.
Postdata. Viendo las entrevistas a Mar Coll, encima resulta que ni es pedante, ni ególatra, ni pretende arreglar el mundo. ¡Yuhu!
dilluns, 6 de juliol del 2009
divendres, 3 de juliol del 2009
manel
La Fontcalda (Terra Alta), junio 2009
Suena la canción En la que el Bernat se't troba, en el disco Els millors professors europeus del grupo Manel (2008)
dimecres, 1 de juliol del 2009
"Se suicidan doce fans tras la muerte de Jackson"
El lunes por la noche, como estaba aburrido, yo también me planteé suicidarme por la muerte de Jackson. Me dije: "Ahora que Michael ha muerto ¿qué sentido tiene mi vida?". Estábamos acabando de cenar y le pregunté a mi hijo pequeño: "¿Dan algo bueno por la tele?". Sin darle tiempo a contestar, el mayor sentenció: "Hoy, fatal. Ya no hay ni Crackòvia". Mientras la sirvienta recogía los platos, tomé la mano de mi esposa y le confesé: "Estoy deprimido por lo de Jackson". Me dijo: "¿Y quién no? Vete a la cama, cariño, que yo me voy a ver Entrelínies,que dan un reportaje sobre las cinco ambulancias medicalizadas que el SEM tiene en la ciudad de Barcelona: cada una de ellas hace una media de doce servicios al día para tratar enfermos crónicos, pero también accidentes de tráfico, atropellos, problemas cardiacos o personas inconscientes".
Cortarse las uñas de los pies es también aburrido. Yo lo postergo tanto como puedo. El caso es que, cuando acabé, pensé: "Con lo que te cuesta cortártelas, ¿ahora vas a suicidarte?". Decidí, pues, esperar a que volviesen a estar largas, pero eso no consiguió que mi cabeza dejase de hervir. Michael había marcado mi vida, sí, pero, si no tienes nada más que hacer, muchos artistas pueden marcártela. ¿U2? Pff... ¿Bruce Springsteen? Bleagh... ¿Por qué será que los artistas me emocionan sobre todo cuando han muerto? Con esa idea me dormí - cada vez más difuso el fantasma del suicidio-, y fue a la mañana siguiente, mientras la sirvienta me servía el café, cuando vi en televisión que doce personas se han quitado ya la vida al no poder superar la muerte de Michael. La sirvienta chasqueó la lengua y susurró: "Qué burros, suicidarse porque Michael Jackson ha muerto...". Por un momento sopesé la posibilidad de despedirla por esa falta de sensibilidad, pero luego recordé lo difícil que es encontrar criada hoy en día, de modo que, simplemente, la miré de soslayo mientras mojaba el croissant en el café y pensaba: "¿Y qué sabrás tú de la vida?".