dilluns, 2 de març del 2015

Amor sin razón

Roger-Pol Droit, filósofo

La Contra, La Vanguardia, 2/3/2015



Creernos un monobloque capaz de albergar sólo buenos sentimientos es irreal. Efectivamente somos un enjambre, un remolino (…). A la pregunta de por qué me quieres la única respuesta honesta es no lo sé. 

diumenge, 1 de març del 2015

'El libro de la vida': descubriendo el Halloween latino

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7,5

Lástima por el tono infantiloide y un poco bobalicón, porque si no estaríamos hablando de una de las mejores películas de animación de los últimos tiempos. Creativa, enérgica, visualmente brillante. Una oda al folclore mexicano con pespuntes de Tim Burton. Un cuento mitológico que nos traslada a los años gloriosos de ‘Aladdin’ o ‘Hércules’ –cuyos personajes cómicos, el Genio y Hades, son pura antología Disney– y que se atreve diseñar a sus personajes como muñecos de madera. ¡Olé!

Lástima por el exceso de chistecitos tontos, porque en las hechuras de Manolo y Joaquín casi creemos ver una versión hispánica y torera de Woody y Buzz Lightyear, los protagonistas de la revolucionaria 'Toy Story'. La fantasía de Jorge R. Gutiérrez, financiada por Guillermo del Toro, parece aplicar los logros de la era post-Pixar a las historias de matriz cultural-folclórica que (casi) habíamos perdido. La animación ha visitado la mitología griega, los cuentos medievales, el Halloween: ¿por qué no el Día de Muertos mexicano?

Lástima por el superávit de secundarios mediocres, porque la peculiar festividad latinoamericana, paradójicamente repleta de color y alegría, era un mundo simbólico a la espera de ser descubierto por el cine de masas. Reinterpretada por la mano maestra de Gutiérrez, esta celebración del 2 de noviembre se convierte casi en un corte de mangas latino contra el Halloween burtoniano de 'Pesadilla antes de Navidad' o 'La novia cadáver'. Aquí estamos nosotros, reímos más y somos más felices que los yanquis. Viva México cabrones. A los toreros-cadáver de Gutiérrez & Del Toro sólo les falta cantar como Mecano: "Y los muertos aquí lo pasamos muy bien, entre flores de colores".

Lástima por ese prólogo innecesario que se obstina en contar la historia desde el presente, pero incluso así, el concepto mortuorio de la cultura mexicana, ese curioso híbrido de las tradiciones precolombinas y el catolicismo, será un feliz descubrimiento para todos aquellos acostumbrados a ver la muerte con el pudor y el escalofrío anglosajón. Aquí no hay división entre vivos y muertos, sino entre el Reino de los Recordados y el Reino de los Olvidados. En los puestos de mando de ambos feudos están dos dioses totémicos prodigiosamente animados, La Catrina -dama funeral y esplendorosa- y Xibalba, un villano tan histérico y sagaz como el Yafar de 'Aladdin' o el dios Hades de 'Hércules' (qué tiempos, snif).

Una apuesta entre los dioses, como en las antiguas mitologías, desencadena la historia y nos conduce por una original revisión del mundo de la tauromaquia. El toreo no es aquí una mera celebración del cliché sureño, sino ocasión para enhebrar un relato heroico sobre el perdón, la búsqueda de la vocación y el peso de los antepasados. Una riquísima floración de significados recorre todo el relato de amistad-enemistad entre Manolo y Joaquín bajo su aspecto de entretenimiento familiar. Hay amor por la cultura mexicana, por esos poblachos entrañablemente caricaturizados. Hay ironía desarmante en esa versión improvisada de 'Creep' de Radiohead a cargo de un torero enamorado. Hay gozosas ucronías y hay, por encima de todo, un ritmo endiablado, una diversión retiniana permanente. 

Lástima que no estemos hablando de una obra maestra.

‘EL LIBRO DE LA VIDA’, DE JORGE R. GUTIÉRREZ
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'Samba': tócala otra vez, Omar

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6,5

De las cosas buenas nos gusta repetir. O eso habrán pensado los directores de ‘Intocable’, el fenómeno cinematográfico que consiguió reunir a veinte millones de personas ante la sonrisa irresistible de un actor de origen mauritano-senegalés. El carisma de Omar Sy vuelve a conjurarse con el humor más o menos inteligente de Toledano & Nakache para lograr otra fórmula perfecta de éxito para todos los públicos, con la ayuda inestimable de esa fotografía tan exageradamente límpida y perfecta que a veces recuerda un anuncio de Benetton o Coca-Cola. A sus cuentos ejemplares les falta un poco de borrosidad, alguna que otra arruga.

Lo que funcionó en aquella ocasión se repite aquí pieza por pieza y con precisión milimétrica, por más que el resultado, ciertamente, no sea tan redondo. Si 'Intocable' jugaba al choque maniqueo y resultón entre el mundo de los occidentales y el de los inmigrantes, 'Samba' hace lo propio, sólo que cambiando el tipo de relación. Mientras la primera ensalzaba la amistad imposible entre un aristócrata parapléjico y su alegre cuidador de la banlieue, la segunda tira directamente la carta de corazones, con el romance no menos trucado entre una ex ejecutiva deprimida y un simpapeles adorable. Omar, por supuesto.

En realidad estamos ante un remedo europeo de 'Pretty Woman', barnizado con un poco de soja dramática y un aderezo dickensiano de crítica social. No importa que todo sea simplón e idealizado, importa la telegenia y el encanto hollywoodiense de sus protagonistas. Importa disfrutar con el bueno de Omar, y sobre todo con la fragilidad contenida y cautivadora de Charlotte Gainsbourg, su nueva y atípica partenaire que se revela como la estrella tapada de la función. Aunque la hija de Jane Birkin no ha heredado precisamente la hermosura venusiana de su madre, hay algo encantador y lleno de alma en su, digamos, fealdad (no diremos lo de belleza cubista porque el tópico se ha gastado con Rossy de Palma).

Gainsbourg y Sy, tan antagónicos y diferentes, incluso en su manera de interpretar, logran eso tan difícil que llamamos chispa y, sí, su encuentro confidente en una estación de servicio derrocha química, es todo verdad y calidez, te deja con la sonrisa de tonto. Ellos solitos llevan la película adelante e insuflan personalidad a sus respectivos moldes estereotipados: hombre negro vitalista y puro de corazón / mujer blanca europea con una vida decadente y víctima del estrés profesional. Gustará al lector europeo de best-sellers y al tendero nigeriano padre de familia, no habrá conflicto posible. No hay lugar para lecturas polémicas. No se remueve nada importante.

Hay que reconocer que los autores de 'Samba' nos arrancan la carcajada más de una vez: con los enredos idiomáticos en la ONG, con el gag del calentador o con la fuga por los tejados de los dos inmigrantes compañeros de fatigas -Tahar Harim sorprende con su vis cómica tras la sombría 'Un profeta'-. Pero, a decir verdad, la secuela encubierta de 'Intocable' queda bastante lejos del gancho y el ritmo cómico de su predecesora, con la que comparte en cambio todo su paternalismo, falta de riesgo y sentimentalismo manipulador. Es como una de esas chocolatinas con menta, un placer flojito que no hace daño.

‘SAMBA’, DE OLIVIER NAKACHE Y ERIC TOLEDANO
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divendres, 27 de febrer del 2015

La primavera vegada

Joan Pau Inarejos
La primavera vegada vaig pensar que estava somiant. No estava preparat per descobrir-te entre reflexos irisats esperant algú com jo. Des que em vas mirar per primavera vegada, sempre t'imagino voltada d’ametllers blancs, imprudentment despreocupada de què serà de nosaltres o quin temps farà demà. Sempre has tingut el do d’aparèixer quan menys t’esperàvem i més et necessitàvem. Després del llarg encongiment de l’hivern, sempre arribes tu.

Puc recordar l’origen de moltes coses, però tu, com vas començar? Un misteri sensual i inextricable, com el capoll de la rosa, envolta el teu principi últim. Hi ets sense cap necessitat, i, tanmateix, hi ets. La teva besada llarga ens deixa flotants i vulnerables, com un tronc que no sap que s'acosta a la vora de la cascada. Sense saber per què, tornem a tenir ganes de cantar, i la por de morir sembla un malson d’una mala nit. Pols que es desfà; llum viva que asseca el plor de la terra.

Per culpa teva, perquè ets una promesa de festa, dimiteixo de les meves obligacions melangioses i he de negligir les rutines ermitanes que tant m’havia costat de conquerir. Sempre t’ho fas anar bé per distreure’m amb el teu cant infantil, i no hi ha cap feina en aquest món que es pugui acabar amb la teva piuladissa al mig de tot arreu. 

Quan estens la teva ombra rosada, els meus avis tornen a ser joves, i tot és com el preludi d'un diumenge multitudinari. El cel torna a ser prou ample per encabir-nos a tots. Avui et torno a trobar, o em tornes a trobar tu, no ho sé, i encara que ens coneixem cada bri de cos, encara que ens podríem reconèixer amb dits amants de cec, sempre és com la nostra primavera vegada.

dissabte, 7 de febrer del 2015

Hollywood es para las desquiciadas


Olsen en 'Marta Marcy May Marlene', Stone en 'Birdman' y Lawrence en 'Birdman'
Joan Pau Inarejos
La película soñada reuniría a Elizabeth Olsen, Emma Stone y Jennifer Lawrence, y, en el mejor de los casos, todas estarían para encerrar. Locas, traumatizadas o alteradas por sustancias, eso nos da igual. Estamos quizá ante las tres actrices jóvenes con más brillante porvenir en Hollywood; las tres son, año arriba, año abajo, de la generación de 1990 –sí, hay gente que ha nacido después de la caída del muro- y las tres nos han cautivado con personajes que no estaban muy en sus cabales. Huelga decir que el plural mayestático sólo representa la opinión, parcial pero insobornable, de este humilde bloguero.

Las tres han logrado vencer el peligroso cliché de Barbies del celuloide, aunque bien es cierto que en sus rostros está el bello arte de la imperfección. Emma Stone tiene unos anormales ojos saltones –Woody Allen le dijo, por boca de Colin Firth, que sólo estaba guapa a las ocho y media bajo la luz de la luna–, en Elizabeth Olsen asoma la sonrisa reptil de sus hermanas, las estomagantes gemelas Olsen, y Jennifer tiene esas facciones hinchables que pueden recordar a una muñeca de funciones espurias, o peor, a Brenda de Sensación de vivir. Son a la vez raras y telegénicas, porque a ver, ¿quién se quedaría mirando noventa minutos a la Venus de Milo?

Alguna extraña chispa, cierta melancolía, une a estas tres mujeres que podían haber sido polvo de estrellas pero que hoy brillan con luz propia. Jennifer Lawrence despuntó en el drama gélido ‘Winter’s bone’ y puso carisma en la trivial ‘Los Juegos del Hambre’, pero donde nos convenció definitivamente fue en ‘Silver Linnings Playbook’ (‘El lado bueno de las cosas’, 2012), una comedia romántica protagonizada por desequilibrados mentales. Tiffany es una viuda deslenguada con fama de ninfómana que hace todo lo posible por seducir y a la vez sacar de sus casillas a un Bradley Cooper no menos ido que ella. Intuimos que en la Jennifer real hay algo de esa eterna adolescente, huraña y eruptiva, quizá demasiado precoz o en guerra con el mundo, que vive latente en todos sus personajes (aunque ahora pretenda engañarnos con esas poses de Cenicienta moderna tropezando en las escaleras de los Oscar).

Elizabeth Olsen es la prueba darwinista de que la genética puede dar sorpresas esperanzadoras y mejorar los modelos anteriores. Si las gemelas Ashley y Mary-Kate se cuentan entre las peores plagas que han asolado el mundo de la televisión, la pequeña Elizabeth dio la sorpresa con ‘Martha Marcy May Marlene’ (2011), un drama ambientado en el mundo de las sectas. La benjamina de las Olsen se desembaraza del recuerdo frívolo y empalagoso de su saga familiar para interpretar a una joven atrapada entre una hermandad alienadora y un hogar que tampoco siente suyo. La triste peripecia de Martha, sufriente y convincente, obliga a revisar aquella máxima popularizada por ‘El mago de Oz’ de que se está mejor en casa que en ningún sitio. Martha Marcy May Marlene, con su intrincada concatenación onomástica, fue el bautizo de fuego de una actriz.

Y así llegamos hasta ‘Birdman’ (2014), la aclamada fantasía cómica de Alejandro González Iñárritu, que no sería lo mismo sin su elenco de actores magníficamente alineados y dirigidos. Mucho se ha dicho de la meritoria autoparodia del ex Batman Michael Keaton, o de la hilarante sobreactuación de Edward Norton, pero por aquí preferimos el contrapunto de Sam, la hija descarriada del dramaturgo, encarnada con una parquedad pasota por Emma Stone. La de Arizona no parece seguir ningún método, y ahí está su raro encanto: actúa con aparente espontaneidad, al dictado de nadie, con un aire entre naif y colocado, high all the time, como si siemprese hubiera fumado un porro en el camerino (y se fuma unos cuantos en 'Birdman'). Como si sus ojos a punto de salir de las órbitas pudieran ver cosas volando en el cielo. Con sus trucos juveniles le dio vidilla a todo un señor como Woody Allen en 'Magic in the moonlight', aquella película donde las señales de tres golpes anunciaban cosas prodigiosas. Como ellas.

divendres, 6 de febrer del 2015

Pagar por llorar

Imma Monsó
Artículo ‘Somos breves’ en La Vanguardia, 5/2/2015

Dicen los expertos en mentes que esta falta de ritos para mostrar el duelo en público nos condena a interiorizar el duelo, a vivirlo en la intimidad como si se tratara de una dolencia que debiera ser camuflada. (…) Algo echamos de menos y es probable que un día u otro tengamos que reconciliarnos de nuevo con los ritos de la muerte. Por lo pronto, los americanos, siempre tan emprendedores, ya han creado una especie de agencias de ritos que organizan muestras de duelo y rituales para poner en común el dolor. Es probable que (como somos tan tontos que pagamos por todo lo que antes hacíamos gratis) al final acabemos pagando hasta por llorar a los muertos.

dimarts, 3 de febrer del 2015

'Magical Girl': vomítame, mézclate conmigo

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7

Lo que el vómito ha unido, que no lo separe el hombre. No es que sea una imagen especialmente poética, pero una regurgitación providencial, poderosamente arrojada desde el balcón, es el peculiar pretexto con el que se encuentran una serie de personajes dispares en la película ganadora de la Concha de Oro de San Sebastián 2014. Una joven con desequilibrios mentales, una niña enferma que sueña con ser heroína de dibujos animados, un profesor de matemáticas de intenciones oscuras. La oportuna vomitona los acopla a todos, con el viscoso pegamento de los chantajes morales.

‘Magical Girl’ podría parecer un culebrón sin pies ni cabeza si no fuera por la elegancia con que lo cuenta Carlos Vermut. Un experimento a medio camino del drama, el cine negro y la extravagancia almodovariana, cuya cadena de sucesos resulta tan inverosímil como extrañamente adictiva. Y más con la presencia y la mirada de Barbara Lennie, turbadora dama trastornada, nuevo icono del cine español gracias a esa cicatriz sangrante en la frente, espléndida en su progresivo descenso a los infiernos para salvar su frágil matrimonio. O de la jovencísima Lucía Pollán, dando lecciones de interpretación a sus doce años.

La promoción de la película nos insta a tener cuidado con lo que deseamos, y en efecto, hasta el amor paterno más limpio de corazón se convierte aquí en insospechada palanca para un diabólico engranaje de miserias y traiciones. Gente que mata y miente por su trozo de felicidad. Mezquindades que no entienden de edad o clase social, ora en una humilde familia monoparental, ora en un prostíbulo lujoso y temible como el infierno de Dante. Con una banda sonora irreverente que ahora te puede poner una copla española y después una pegadiza música de anime japonés. 

La estrafalaria red de historias de 'Magical Girl' habla de cosas muy, muy graves -enfermedad, violencia, abusos- y sin embargo no abundan las escenas explícitas o morbosas. Al contrario, casi todo está sobreentendido en su montaje frío y silencioso, con asuntos pretéritos de los que no se habla y puertas misteriosas que se cierran en las narices del espectador encendiendo nuestra pérfida imaginación. De hecho, la escena más tensa de la película es de una extrema austeridad de recursos: una mujer de espaldas con un bebé en brazos. No ocurre nada, nadie grita ni golpea nada, pero cuánto peligro hay en esa mujer de mente vulnerable. Ese es el verdadero terror: lo que sólo sabemos el director y nosotros, lo que que ignoran el resto de personajes.

Atentos al diseño de producción, con imágenes cuidadosamente planificadas para perdurar en la retina: la aparición de la niña disfrazada en el comedor, el encuentro exótico entre una dama de negro con paraguas y una actriz esnob que toma el sol en la piscina, ese desnudo femenino repleto de llagas como un ecce homo... 'Magical Girl' no es una película al uso, más bien es una rareza muy rara, por decirlo redundante, que se salva de la categoría de rollo patatero gracias a una feliz circunstancia que no siempre se da en estos casos. Su director se la cree.

‘MAGICAL GIRL’, DE CARLOS VERMUT
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divendres, 30 de gener del 2015

Elogio de la fiesta

Octavio Paz
‘Todos  Santos, Día de muertos’, del libro ‘El laberinto de la soledad’ (1950)
la comunidad
Las masas modernas son aglomeraciones de solitarios. En las grandes ocasiones, en París o en Nueva York, cuando el público se congrega en plazas o estadios, es notable la ausencia de pueblo: se ven parejas y grupos, nunca una comunidad viva en donde la persona humana se disuelve y rescata simultáneamente.

fiesta versus vacaciones
El grupo sale purificado de ese baño de caos. Se ha sumergido en sí, en la entraña misma de donde salió. Dicho de otro modo, la fiesta niega a la sociedad en tanto que conjunto orgánico de formas y principios diferenciados, pero la afirma en cuanto fuente de energía y creación. Es una verdadera re-creación, al contrario de lo que ocurre con las vacaciones modernas, que no entrañan rito o ceremonia alguna, individuales y estériles como el mundo que las ha inventado.

dimecres, 28 de gener del 2015

El Tu i l'univers

Joan Vinyoli
Del recull ‘Poemes’ seleccionat per Joan Margarit (2014)

és íntima festa
sentir, al lluny, la veu del mar

(La veu del mar, 1981)

Només el tu
val per entendre’s en la immensitat
de l’Univers

(Vespre a la cafeteria, 1984)

Som instruments d’alguna força
que ens té a les mans,
lliurant-nos l’un a l’altre,
guardant-nos l’un de l’altre. 

(Vincles, 1970)


En defensa de la Edad Media



Gilbert Keith Chesterton
Pequeña historia de Inglaterra (1920)

la creatividad colectiva
Hay que esforzarse por comprender que en aquellos siglos la multitud, lejos de destruir, produjo; que aquellas obras maestras las llevó a cabo un artista de muchas cabezas, un artista de muchos ojos y muchas manos. Y si algún escéptico a la moderna, en su odio por el ideal democrático, encuentra mal que hable yo de obras maestras, por ahora sólo quiero responderle que la misma palabra «obra maestra» procede de la terminología de los artesanos medievales.

de master a mister
Algo de este triste diminuendo se advierte en la evolución de «Master» a «Mister» (…). El «Master» es más que un simple «patrón». Es el maestro de la obra, mientras que hoy sólo significaría el jefe de los obreros. Es carácter fundamental del capitalismo moderno el que el dueño de un barco no sepa ni para qué sirve un barco ; que el terrateniente no conozca ni el contorno de sus tierras ; que al propietario de una mina de oro sólo le interese la porcelana antigua, o que el propietario de un ferrocarril viaje exclusivamente en globo. (…) En el sistema de gremios (…) todo patrón de obreros era un maestro de Artes, «Master of Arts». Los otros grados sucesivos eran: oficial y aprendiz. Pero éstos, como los grados universitarios correspondientes, eran grados por los cuales cualquiera podía pasar; no eran clases sociales. Eran grados, no castas.