dissabte, 27 de desembre del 2014
Religión americana
dissabte, 24 de febrer del 2007
Cómo Dios se hizo asmático
Tan enigmático es Yahvé que su creación del hombre, de la mujer y del mundo puede verse como un autoexilio. Esta idea no es mía, sino de la Cábala, y podría remontarse a las primeras especulaciones gnósticas acerca de una crisis en la vida interior del creador (…). El acto mítico llamado ‘zimzum’ –el autoexilio divino- es mencionado en algunos textos cabalísticos medievales, y se convierte en crucial en la obra de Isaac Luria, el maestro del siglo XVI, que durante su estancia en Safed, en la Palestina del norte bajo gobierno turco, enseñó una Cábala gnóstica que desde entonces ha sido enormemente influyente. Shaul Magid, en ‘Beginning/Again’ (2002) argumenta que ‘zimzum’, que es una metáfora de la ‘contracción’ o ‘retirada’ de una parte de Yahvé a fin de iniciar la Creación, es un mito acerca del propio origen de Yahvé.
“Yahvé tenía problemas para respirar, y de esta manera inauguró nuestro cosmos”
El misterio de Yahvé se halla en el nombre que se da a sí mismo como presencia que puede elegir también estar ausente. Tanto en los esplendores como en las catástrofes de la historia judía hay implícito un Dios que se autoexilia cancelando su compromiso con la Alianza. ¿Es esa retirada el coste final de la Creación? (…).
‘Zimzum’ tiene que ver con un verbo que significa “contener el aliento bruscamente”. Yahvé tenía problemas para respirar, y de esta manera inauguró nuestro cosmos. Kafka observó que éramos un pensamiento de Dios en un mal día. Intentad contener el aliento todo lo que podáis: si a pesar de todo sois capaces de pensar, se os hará difícil mantener ese pensamiento.
Hay pocos momentos en la literatura tan memorables como el acto inaugural de Yahvé en Génesis 2:4-7, obra del Escritor J, más que la Creación Sacerdotal del Génesis 1 a 2:3. No estamos en Babilonia cinco siglos después, sino probablemente en el reino de Salomón, unos mil años antes de la era común:
“El día en que hizo Yahvé Dios la tierra y los cielos, no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna hierba del campo había germinado todavía, pues Yahvé Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que labrara el suelo. Pero un manantial brotaba de la tierra, y regaba toda la superficie del suelo. Entonces Yahvé Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó ser el hombre un ser viviente”.
“Al crear el cosmos, Yahvé acepta ponerse límites, y enseguida manifiesta ansiedad ante lo que ha hecho”
¿Hasta qué punto es deliberado el hecho de crear a Adán de ‘adamah’, arcilla roja y polvorienta? La descripción que acabamos de hacer se parece más a la de un niño modelando una figurita de barro e insuflándole vida a continuación por arte de magia. Hemos de conjeturar los motivos de Yahvé para llevar sus ganas de jugar hasta el punto de crear un cosmos para acomodar a Adán. Al hacerlo, Dios acepta ponerse límites: el mundo que ha creado es una realidad separada de él. Esta separación puede ser considerada un aumento más que una disminución, pero enseguida Yahvé manifiesta ansiedad ante lo que ha hecho.
El Segundo Libro de Samuel, contemporáneo del Yahvista (si no obra suya también), nos cuenta que Dios concedió a los ángeles el conocer la distinción entre el bien y el mal. De algún modo, la serpiente adquirió ese conocimiento, que contribuyó a que los cristianos interpretaran erróneamente que era un ángel caído. Per no hay “de algún modo” que valga en los estallidos de ansiedad de Yahvé cuando teme que Adán, ciegamente, coma del Árbol de la Vida y se convierta así en un Elohim o ángel. Por primera vez somos conscientes de lo violentamente impredecible que es Yahvé.
Al crear al ser humano, o bien Yahvé se ha vuelto él mismo más humano, o, sin pretenderlo, ha puesto de relieve que era ya demasiado humano. ‘Zimzum’ es una ley de autorización, mediante la cual, paradójicamente, Dios multiplica mediante su contracción. No se nos dice por qué ni si Yahvé acepta que lo reduzcan, aunque desde el principio manifiesta ambivalencia hacia sus criaturas. La fuerza peculiar de la Cábala es que se aventura allá donde el Talmud y la teología filosófica no se atreven a adentrarse, la ambigua dualidad en la personalidad de Yahvé, en la que quiere que existamos pero, al mismo tiempo, le preocupa nuestra existencia.
“El Hombre Hebreo no se divide en cuerpo y espíritu”
HAROLD BLOOM, 'JESÚS Y YAHVÉ. LOS NOMBRES DIVINOS' (2006)
La Creación, según los Sabios, no tiene otro fin que el ser humano: ése es el único propósito de Yahvé. Y Yahvé muestra un enfoque monista: el Hombre Hebreo no se divide en cuerpo y espíritu, sino que es “un alma viviente”. El dualismo paulino, que con el tiempo acabará dando lugar a la separación cartesiana entre cuerpo y mente, es platónico y no judío.
Es de suponer que el Dios Padre cristiano carece de cuerpo, contrariamente a Yahvé, excepto en el mormonismo. No recuerdo ningún texto en el que Dios Padre emule los almuerzos campestres de Yahvé en Mamre o en el Sinaí. No veo mucha diferencia entre el Dios de Platón en las ‘Leyes’ y la divinidad del cristianismo, e incluso menos entre el Motor Inmóvil de Aristóteles y el supuesto Padre de Jesucristo, aunque el Dios de Aristóteles no podría preocuparse menos por nosotros mientras que la deidad cristiana sacrifica a su propio Hijo para salvarnos.
“Cualquier religión que expurgue lo “antropomórfico” también le da la espalda a Yahvé”
Una imposible descripción de Yahvé sería la de una persona sin personalidad, pero sirve para la Primera Persona de la Trinidad. El Dios de san Agustín no está tan lejos del de Plotino, que modificó la teología de Platón convirtiéndola en una doctrina del Alma del Mundo. Platón nos instaba a “liberar el alma y aislarla del cuerpo”. Plotino y Agustín obedecieron de buena gana; los Sabios rabínicos no.
'Jesús y Yahvé. Los nombres divinos' (2006)
JOAN PAU INAREJOS, 2007
Nítido en su tesis, el crítico Harold Bloom (Nueva York, 1930) defiende que hay una incompatibilidad literaria radical entre la figura de Yahvé del Antiguo Testamento y el Jesús del Nuevo Testamento. Solamente el Jesús del Evangelio de Marcos -solitario, imprevisible, iracundo- guardaría todavía un cierto parentesco con el Dios judío, de rasgos antropomórficos ("Yahvé es un guerrero" y "es humano, demasiado humano") y a la vez un Dios inasible, que se permite decir en el Sinaí: "Yo soy el que soy".
En cambio, el "suavizado" Jesús de Lucas y Mateo, y especialmente el “cósmico” y “antisemita” Jesús de Juan y el 'Jesucristo' de Pablo (constructo teológico que prescinde totalmente del Jeshua de Nazaret histórico) se alejan definitivamente del patrón judío y se enmarcan en una mentalidad helenística, donde, en un relato de resonancias mitológicas, Dios se autoinmola, algo completamente ajeno al orgullo de Yahvé (que a lo sumo "se eclipsa" o se "autoexilia", pero "nunca se suicida"), y en este cánon griego se asentará la posterior tradición cristiana
Los escritores cristianos pretenden dar cumplimiento a la profecía judía: los Evangelios y las Cartas serían un colosal "esfuerzo textual" por convertir la Biblia hebrea en el 'Antiguo' Testamento. Usurpando la fórmula yahvística, Juan hace decir a Jesús: "Antes de que Abraham existiera, yo soy". Sin embargo, Bloom sostiene que "nunca un texto da cumplimiento a otro texto" y califica la operación cristiana como "una poderosa lectura errónea" de las escrituras hebreas, coronada, eso sí, con la aceptación masiva de los fieles.
Los teólogos cristianos sustituyen el monoteísmo radical y el carácter hermético del judaísmo por un "politeísmo populista" (Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo y la Virgen María), y Bloom concluye que no cabe hablar, en propiedad, de una "tradición judeocristiana", ya que Yahvé pervive más en el Alá musulmán que en el pasivo Dios Padre celestial de los cristianos.
El profesor de Yale manifiesta su preferencia estética por el ‘Escritor J’ (redactor del Antiguo Testamento) y Marcos frente a Lucas, Mateo, Juan y Pablo. Según él, Yahvé es el personaje más memorable de la historia de la literatura y sirve como modelo para el ‘Rey Lear’ de Shakespeare, mientras que el taciturno Jesús de Marcos prefigura a Hamlet.
Pese a todo, a Bloom no le duele reconocer que Yahvé ha perdido la batalla histórica y demográfica frente a Alá y la Trinidad. El futuro de la religión, dice el crítico neoyorquino, ya no se decide en Europa sino en el continente americano (donde se perfila un ‘pentecostalismo’ o religión del Espíritu Santo con el apoyo de hispanos, afroamericanos y blancos del Sur estadounidense) y en Asia, donde se abre paso un Islam cada vez más militante.
JOAN PAU INAREJOS, 2007
dimarts, 20 de febrer del 2007
El sublime personaje Yahvé
Sabemos que, para muchos de nosotros, Yahvé sigue siendo la respuesta más precisa a la angustiada pregunta de "¿Quién es Dios?". Ni los budistas, ni los hindúes ni los taoístas estarían de acuerdo, ni tampoco muchos cristianos, musulmanes y judíos contemporáneos, pero la mía es una respuesta de crítico literario, y se basa en la fuerza y el poder de la única personalidad literaria que es más vital y memorable que Hamlet, Falstaff, Iago y Cleopatra.
Para traducirlo en términos religiosos, diría que el Yahvé de J ['El escritor J', redactor de la Biblia hebrea] es la representación más convincente de esa 'otredad' trascendente que me he encontrado nunca. Y no obstante, Yahvé no es sólo "antropomórfico" (¡qué palabra tan absurda!), sino totalmente humano, y no es un tipo nada agradable, ¿por qué iba a serlo? No se presenta a ningún cargo, ni busca la fama, ni pretende que los medios de comunicación lo traten bien. Si el cristianismo insiste en que Jesucristo es la buena nueva (un aserto que la brutalidad de los cristianos a lo largo de la historia ha invalidado), entonces Yahvé es la mala nueva encarnada, y la Cábala nos dice que sin duda tiene un cuerpo, y que es enorme. Es algo terrible caer en manos del Yahvé vivo.
No pretendo blasfemar ni ironizar, sino ofrecer tan sólo nuevas perspectivas. Amar a Jesús es una moda americana, pero amar a Yahvé es una empresa quijotesca, y mal dirigida, pues se niega a conocer todos los hechos. Puedes respetar a Próspero, y obedecerle, como aprenden a hacer todos los personajes de 'La tempestad', pero sólo Miranda le ama, pues para ella ha sido padre y madre. En los Evangelios (excluyendo el de Juan), Yahvé es el padre de Jesús sólo en la medida en que Abraham lo fue de Isaac, en la sencilla analogía de la Aqedah ["átame"], el casi sacrificio del niño como ofrenda a Dios.
El anciano Jesús en la India
Existen otras tradiciones, aún más esotéricas, según las cuales los soldados romanos fueron sobornados y Jesús bajado de la Cruz estando aún con vida. Según la Ley Judía, que él aceptaba, Jesús había quedado contaminado, y, tras haberse aparecido a sus discípulos y a su hermano Santiago el Justo, consiguió, recuperarse y luego eligió el exilio, cruzando el Jordán hacia la tierra de Nod, según la tradición de Caín. Otras leyendas dicen que Jesús anduvo errante siguiendo las huellas de las legiones de Alejandro Magno, hasta que por fin llegó al helenístico norte de la India.
Allí, como precursor de los musulmanes, que todavía le aclaman como un profeta sólo superado por Mahoma, el sabio nazareno vivió tranquilamente como un pacífico anciano judío gnóstico, reflexionando quizá sobre las ironías de su divinización por parte del cristianismo, que él no había pretendido.
