(…) está nevando, nevando sobre el lago (…). Y esta nieve borra esquinas y borra sombras, pues hasta de noche la nieve alumbra.
dimarts, 4 de novembre del 2014
Como el lago sueña el cielo
(…) está nevando, nevando sobre el lago (…). Y esta nieve borra esquinas y borra sombras, pues hasta de noche la nieve alumbra.
dimecres, 4 de febrer del 2009
El espíritu de los castellanos
MIGUEL DE UNAMUNO
"Eran almas tenaces, castillos interiores de diamante de una pieza, duro y cortante": 'no me da la real gana'
Fatalismo y librealbitrismo, creencias gemelas (...) [Los castellanos] Se resignan a la ley o la rechazan, la sufren o la combaten, no identifican su querer con ella. Si vencidos, fatalistas; librealbitristas cuando vencedores. La doctrina es la teoría de la propia conducta, no su guía.
En las disputas teológicas que provocaron el calvinismo, primero, y el jansenismo, más tarde, teólogos españoles fueron los principales heraldos del libre albedrío. ¡Frases vigorosas el "no me da la real gana" y el "no importa"! Y aún más enérgicas y castizas (...) que el foco, Brennkpunt, de aquélla son los órganos genitales. Todo español sabe de dónde salen las voliciones enérgicas.
"Y teniendo yo más alma, ¿tengo menos libertad?", grita Segismundo. Tener más alma es tener más voluntad entera, más masa de acción, más intensa; no mayor inteligencia ni más complejo espíritu.
Y junto a esta voluntariedad simplicista de esta genérica casta de conquistadores, fe en la suerte: "Da ventura a tu hijo y échalo en el mar" (...).
Eran almas estas tenaces e incambiables, castillos interiores de diamante de una pieza, duro y cortante. Genio y figura hasta la sepultura; lo que entra con el capillo sale con la mortaja; lo que en la leche se mama, en la mortaja se derrama.
Se confunde el caballero y el pícaro; "en horas de insolación asoma bajo el aristócrata el chulo"
Al plantarse en sociedad cada una de estas almas frente a las otras, prodújose un verdadero anarquismo igualitario, y a la par angelo por dar a la comunidad la firme unidad de cada miembro, un verdadero anarquismo absolutista,un mundo de átomos indivisibles e impenetrables en lucha dentro de una férrea caja, lucha de presión externa con interna tensión.
Fue una sociedad guerrera, y en la guerra misma algo de anárquico, guerrillas y partidarios (...). "Apenas había término medio entre el caballero y el pícaro" -dice el señor Menéndez [Pelayo]-. Confundíanse uno en otro; en horas de insolación asoma bajo el aristócrata el chulo.
MIGUEL DE UNAMUNO, 'EN TORNO AL CASTICISMO' (1895)
Las florecillas o la noche oscura
Francisco de Asís "se difunde en la risueña y juvenil campiña", mientras los españoles se asaetan el corazón y "dibujan atormentados anacoretas"
Resaltan los caracteres de la eflorescencia religiosa de España cuan se la compara con otra: la de Italia, por ejemplo. Siguió esta a la renovación comunal italiana de los siglos X al XII, brotando popularísima de la masa, mezclándose con ensueños apocalípticos de renovación social, de un reino del Espíritu Santo y del Evangelio Eterno. Su flor fue el Pobrecito de Asís, de casta de comerciantes andariegos y alma de trovador, el alegre umbrío, no el macilento y triste en que se le transformó en España.
No se mete en su alma, sino que se derrama fuera, amando con ternura a la Naturaleza, hermana de la Humanidad. Canta a las criaturas, y su Dios quiere misericordia más que sacrificio. Al solitario, monachum, monje, sustituye el hermano, fratellum, el fraile; salvando a los demás, se salva uno en redención mutua. No se encierra en su castillo interior, sino se difunde en la risueña y juvenil campiña, al aire y al sol de Dios. No se cuida apenas de convertir herejes. Su religión es de corazón y de piedad humana. El símbolo religioso italiano son los estigmas de San Francisco, señales de crucifixión por redimir a sus prójimos; el castellano la transverberación del corazón de Teresa, la saeta del Esposo con que se solazaba a solas (...).
Del italiano brotó el arte popular de las Florecitas y de los juglares de Dios, como Jacoponte de Todi; el nuestro dio conceptosos autos sacramentales o las sutiles y ardorosas canciones de San Juan de la Cruz. Giotto, Fra Angelico, Ghirlandaio, Cimabué, pintaron con las castas tintas del alba, con los arreboles de la aurora, el azul inmaculado del cielo umbrío y el oro del sol figuras dulcísimas e infantiles en campo diafano; Zurbarán y Ribera dibujaron atormentados anacoretas, Murillo interiores domésticos de sosegado bienestar y lozanas Concepciones (...).
El misticismo tuvo hipertrofias: el castellano era el "quietismo egoísta" y el italiano, las "sectas de pobres llenas de ensueños comunistas"
De estos "despeñaderos mórbidos" les salvó el humanismo: Dante en Italia y Fray Luis en España
Las [hipertrofias morales] del misticismo castellano fueron el quietismo egoísta del abismarse en la nada o el alumbrismo brutal dado a la holganza y al hartazgo del instinto (...) y en la grosería sensiblista de "mientras más formas más gracias", en el último extremo de lo que llama San Juan de la Cruz lujuria y gula espiritales. El italiano, por su parte, degenaraba en sectas de pobres llenos de ensueños comunistas de restauración social.
De estos despeñaderos mórbidos salvó a uno y a otro el humanismo, la modesta ciencia de trabajo, la voz de los sigloshumanos y de la sabiduría lenta de la tierra. El misticismo italiano (...) se humaniza en Dante (...). [
Y] En España penetró tanto como donde más el soplo del humanismo, el alma del Renacimiento, que siempre tuvo altar aquí (...). El ministro por excelencia de su consorcio fue el maestro León [Fray Luis de León] (...), alma llena de la ardiente sed de justicia del profetismo hebraico, templada en la serena templanza del ideal helénico (...). Retirado a la Flecha, rincón mansísimo a orillas del Tormes, gustaba tenderse allí a la sombra, rompiendo, como los pájaros, a cantar a la vista del campo verde.
MIGUEL DE UNAMUNO, 'EN TORNO AL CASTICISMO' (1895) / imágenes: Anunciación de Fra Angelico y Anunciación de El Greco.
dilluns, 2 de febrer del 2009
Pueblo sin mitos
No nacieron aquí los mundos difuminados en niebla, de hadas y gnomos; todo en España "es claro, recortado, antinebuloso"
¡Socorrido recurso el de la brillante o fogosa imaginación española! Aquí entran en cuenta el sol y otros ingredientes. Y en realidad, sin embargo, imaginación seca, reproductiva más que creadora (...).
Nuestro ingenio castizo es empírico o intelectivo más que imaginativo, traza enredos entre sucesos perfectamente verosímiles; no nacieron aquí los mundos difuminados en niebla, los mundos de hadas, gomos, silfos, ninfas y maravillas. Pueblo fanático, pero no supersticioso, y poco propenso a mitologías, al que cuadra mejor el monoteísmo semítico que el politeísmo ariano.
Todo en él es claro, recortado, antinebuloso: sus obras de ficción muy llenas de historia, hijas de los sentidos y de la memoria, o llenas de didactismo, hijas de la intelectiva. Sus romances por epopeyas o baladas, y el Quijote por el Orlando.
MIGUEL DE UNAMUNO, 'EN TORNO AL CASTICISMO' (1895) / foto: 'Pablo de Valladolid' de Velázquez
Paisaje de Castilla
"¡Qué hermosura la de una puesta de sol en estas solemnes soledades!"
Recórrense a las veces leguas y más leguas desiertas, sin divisar apenas más que la llanura inacabable donde verdea el trigo o amarillea el rastrojo, alguna procesión monótona y grave de pardas encinas, de verde severo y perenne, que pasan lentamente espaciadas, o de tristes pinos que levantan sus cabezas uniformes. De cuando en cuando, a la orilla de algún pobre regato medio seco o de un río claro, unos pocos álamos, que en la soledad infinita adquieren vida intensa y profunda.
De ordinario anuncian estos álamos al hombre: hay por allí algún pueblo, tendido en la llanura al sol, tostado por éste y curtido por el hielo, de adobes muy a menudo, dibujando en el azul del cielo la silueta de su campanario. En el fondo se ve muchas veces el espinazo de la sierra y, al acercarse a ella, no montañas redondas en forma de borona, verdes y frescas, cuajadas de arbolado, donde salpiquen al vencido helecho la flor amarilla de la árgoma y la roja del brezo.
Son estribaciones huesosas y descarnadas peñas erizadas de riscos, colinas recortadas que ponen al desnudo las capas de terreno resquebrajado de sed, cubiertas cuando más de pobres hierbas, donde sólo levantan cabeza el cardo rudo y la retama desnuda y olorosa, la pobre ginestra contenta dei deserti que cantó Leopardi. En la llanura se pierde la carretera entre el festón de árboles, en las tierras pardas, que al recibir el sol que baja a acostarse en ellas se encienden de un rubor vigoroso y caliente.
¡Qué hermosura la de una puesta de sol en estas solemnes soledades! Se hincha al tocar el horizonte, como si quisiera gozar de más tierra, y se hunde, dejando polvo de oro en el cielo y en la tierra sangre de su luz. Va luego blanqueando la bóveda infinita, se oscurece de prisa, y cae encima, tras fugitivo crepúsculo, una noche profunda, en que tiritan las estrellas. No son los atardeceres dulces, lánguidos y largos del Septentrión.
"No despierta este paisaje sentimientos voluptuosos de alegría de vivir; es un paisaje monoteístico este campo infinito "
¡Ancha es Castilla! ¡Y qué hermosa la tristeza reposada de ese mar petrificado y lleno de cielo! (...) No despierta este paisaje sentimientos voluptuosos de alegría de vivir, ni sugiere sensaciones de comodidad y holgura concupiscibles: no es un campo verde y graso en que den ganas de revolcarse, ni hay repliegues de tierra que llamen como un nido.
No evoca su contemplación al animal que duerme en nosotros todos, y que medio despierto de su modorra se regodea en el dejo de satisfacciones de apetitos amasados con su carne desde los albores de su vida, a la presencia de frondosos campos de vegetación opulenta.
No es una naturaleza que recree al espíritu. Nos desase más bien del pobre suelo, envolviéndonos en el cielo puro, desnudo y uniforme. No hay aquí comunión con la naturaleza, ni nos absorbe ésta en sus espléndidas exuberancias; es, si cabe decirlo, más que panteístico, un paisaje monoteístico este campo infinito en que, sin perderse, se achica el hombre, y en que siente, en medio de la sequía de los campos, sequedades del alma.
(...) se presentan en el inmenso páramo muerto, a la luz derretida del crepúsculo, un cardo quebrando la imponente monotonía en el primer término, y en lontananza las siluetas de Don Quijote y Sancho sobre el cielo agonizante. «Sólo Dios es Dios, la vida es sueño y que el sol no se ponga en mis dominios», se recerda contemplando estas llanuras.
MIGUEL DE UNAMUNO, 'EN TORNO AL CASTICISMO' (1895) / foto: campo en Soria (agosto 2007)
diumenge, 18 de gener del 2009
La intrahistoria
MIGUEL DE UNAMUNO
Los hombres comunes son como "las madréporas suboceánicas", echan "las bases sobre las que se alzan los islotes de la historia"
Las olas de la historia, con su rumor y su espuma que reverbera el sol, ruedan sobre un mar continuo, hondo, inmensamente más hondo que la capa que ondula sobre un mar silencioso y a cuyo último fondo nunca llega el sol. Todo lo que cuentan a diario los periódicos, la historia toda del "presente momento histórico", no es sino la superficie del mar, una superficie que se hiela y cristaliza en los libros y registros, y una vez cristalizada así, una capa dura no mayor con respecto a la vida intrahistórica que esta pobre corteza en que vivimos con relación al inmenso foco ardiente que lleva dentro.
Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que como la de las madréporas suboceánicas echa las bases sobre las que se alzan los islotes de la historia.
Sobre el silencio augusto, decía, se apoya y vive el sonido; sobre la inmensa humanidad silenciosa se levantan los que meten bulla en la historia. Esa vida intrahistórica, silenciosa y continua como el fondo mismo del mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentira que se suele ir a buscar al pasado enterrado en libros y papeles, y monumentos, y piedras.
MIGUEL DE UNAMUNO, 'EN TORNO AL CASTICISMO' (1895)
diumenge, 21 de desembre del 2008
Nuestro Señor Don Quijote
MIGUEL DE UNAMUNO
Don Quijote, "un hombre vivo y eterno, vale por todas las teorías y por todas las filosofías"
Donde acaso hemos de ir a buscar el héroe de nuestro pensamiento, no es a ningún filósofo que viviera en carne y hueso, sino a un ente de ficción y de acción, más real que los filósofos todos; es a Don Quijote.
Porque hay un quijotismo filosófico, sin duda, pero también una filosofía quijotesca. ¿Es acaso otra, en el fondo, la de los conquistadores, la de los contrarreformadores, la de Loyola, y, sobre todo, ya en el orden del pensamiento abstracto, pero sentido, la de nuestros místicos? ¿Qué era la mística de san Juan de la Cruz sino una caballería andante del sentimiento a lo divino? (...)
Pues abrigo cada vez más la convicción de que nuestra filosofía, la filosofía española, está líquida y difusa en nuestra literatura, en nuestra vida, en nuestra acción, en nuestra mística, sobre todo, y no en sistemas filosóficos. Es concreta. ¿Y es que acaso no hay en Goethe, verbigracia, tanta o más filosofía que en Hegel? Las coplas de Jorge Manrique, el Romancero, el Quijote, La vida es sueño, la Subida al Monte Carmelo, implican una intuición del mundo y un concepto de la vida Weltanschaung und Labensansicht (...).
¿Y qué ha dejado Don Quijote?, diréis. Y yo os diré que se ha dejado a sí mismo, y que un hombre, un hombre vivo y eterno, vale por todas las teorías y por todas las filosofías. Otros pueblos nos han dejado sobre todo instituciones, libros; nosotros hemos dejado almas. Santa Teresa vale por cualquier instituto, por cualquier Crítica de la razón pura.
"No es pesimista Don Quijote, porque como no entiende qué sea eso de la joie de vivre, no entiende de su contrario"
Y Don Quijote no se rinde, porque no es pesimista, y Pelea. No es pesimista porque el pesimismo es hijo de la vanidad, es cosa de moda, puro snobismo, y Don Quijote ni es vano ni vanidoso, ni moderno de ninguna modernidad -menos modernista-, y no entiende qué es eso de snob mientras no se lo digan en cristiano viejo español. No es pesimista Don Quijote, porque como no entiende qué sea eso de la joie de vivre, no entiende de su contrario. Ni entiende de tonterías futuristas tampoco. A pesar de Clavileño, no ha llegado al aeroplano, que parece querer alejar del cielo a no pocos atolondrados.
Don Quijote no ha llegado a la edad del tedio de la vida, que suele traducirse en esa tan característica topofobia de no pocos espíritus modernos, que se pasan la vida corriendo a todo correr de un lado para otro, y no por amor a aquel adonde van, sino por odio a aquel otro de donde vienen, huyendo de todos. Lo que es una de las formas de la desesperación (...).
fotos: Cristo de Velázquez y Quijote de Honoré Daumier
dijous, 18 de desembre del 2008
Quiero ser cuerpo
No ser un alma errante, sino reconstituirse en el cuerpo: es lo que ambiciona aquí Unamuno, siempre fascinado por el católico y misterioso dogma de la resurrección de la carne. Los griegos, preñados de sentido común, jamás concibieron un cuerpo eterno, y de ahí que apenas esbozasen las fláccidas almas desnortadas del Tártaro, quizá el origen iconográfico de los fantasmas.
MIGUEL DE UNAMUNO
Lo que en rigor anhelamos para después de la muerte es seguir viviendo esta vida, esta misma vida mortal, pero sin sus males, sin el tedio y sin la muerte. Es lo que expresó Séneca, el español, en su Consolación a Marcia (XXVI); es lo que quería, volver a vivir esta vida: ista moliri. Y es lo que pedía Job (XIX, 25-27), ver a Dios en carne, no en espíritu. ¿Y qué otra cosa significa aquella cómica ocurrencia de la vuelta eterna que brotó de las trágicas entrañas del pobre Nietzsche, hambriento de inmortalidad correcta y temporal?
(...) El que duerme, vive, pero no tiene conciencia de sí; ¿y apetecerá nadie su sueño así eterno? Cuando Circe recomienda a Ulises que baje a la mo rada de los muertos, a consultar al adivino Tiresias, dícele que este es allí, entre las sombras de los muertos, el único que tiene sentido, pues los demás se agitan como sombras (Odisea, X, 487-495). Y es que los otros, aparte de Tiresias, ¿vencieron a la muerte? ¿Es vencerla acaso errar así como sombras sin sentido?
Desolada inmortal
Calipso, abandonada por Ulises, quedó desolada en su inmortalidad. La triste y bella imagen de la diosa demuestra cuán gravosa puede llegar a ser en la mente humana la idea de vivir para siempre. Nos dirá Manrique que "los ríos van a dar a la mar", pero se pregunta Unamuno si elegiría el arroyo volver atrás antes que ser absorbido por el gran mar salino...
MIGUEL DE UNAMUNO
Y aun imaginada una inmortalidad personal, ¿no cabe que la sintamos como algo tan terrible como su negación? «Calipso no podía consolarse de la marcha de Ulises; en su dolor, hallábase desolada de ser inmortal», nos dice el dulce Fenelón, el místico, al comienzo de su Telémaco. ¿No llegó a ser la condena de los antiguos dioses, como la de los demonios, el que no les era dado suicidarse?
...
¿No es un gozo sentirse absorbido como el río? Sin embargo el alma no anhela quietud, sino eterno acercarse sin llegar nunca
Y henos aquí en lo más alto de la tragedia, en su nudo, en la perspectiva de este supremo sacrificio religioso: el de la propia conciencia individual en aras de la conciencia humana perfecta, de la Conciencia Divina.
Pero ¿hay tal tragedia? (...) El arroyico que entra en el mar y siente en la dulzura de sus aguas el amargor de la sal oceánica, ¿retrocedería hacia su fuente?, ¿querría volver a la nube que nació de mar?, ¿no es un gozo sentirse absorbido? Y, sin embargo...
Sí, a pesar de todo, la tragedia culmina aquí. Y el alma, mi alma al menos, anhela otra cosa, no absorción, no quietud, no paz, no apagamiento, sino eterno acercarse sin llegar nunca, inacabable anhelo, eterna esperanza que eternamente se renueva sin acabarse del todo nunca.
¿Es que no existo?
MIGUEL DE UNAMUNO
"¿No has sentido nunca el horrendo espanto de sentirte sin lágrimas y sin dolor?"
Y hay algo más congojoso que el sufrir.
Esperaba aquel hombre, al recibir el temido golpe, haber de sufrir tan reciamente como hasta sucumbir al sufrimiento, y el golpe le vino encima y apenas si sintió dolor; pero luego, vuelto en sí, al sentirse insensible, se sobrecogió de espanto, de un trágico espanto, del más espantoso, y gritó ahogándose en angustia: «¡Es que no existo!»
¿Qué te aterraría más: sentir un dolor que te privase de sentido al atravesarte las entrañas con un hierro candente, o ver que te las atravesaban así, sin sentir dolor alguno? ¿No has sentido nunca el espanto, el horrendo espanto, de sentirte sin lágrimas y sin dolor? el dolor nos dice que existimos, el dolor nos dice que existen aquellos que amamos.
El cielo estrellado
MIGUEL DE UNAMUNO
Ahí está una masa informe; parece una especie de animal, no se le distinguen miembros; sólo veo dos ojos, y ojos que me miran con mirada humana, de semejante, mirada que me pide compasión, y oigo que respira. Y concluyo que en aquella masa informe hay una conciencia. Y así, y no de otro modo, mira al creyente el cielo estrellado, con mirada sobrehumana, divina, que le pide suprema compasión y amor supremo y oye en la noche serena la respiración de Dios que le toca el cogollo del corazón, y se revela a él. Es el Universo que vive, ama y pide amor.
Grecia, del mito a la amargura
Primero los griegos creían en las ninfas y los sátiros, pero vino Platón a descubrirles la muerte y el ansia de pervivir. La alegre Hélade naciente, de la mitología soleada, desemboca en el amargo estuario de los filósofos y las barbas blancas. Así pues, los helenos terminan su civilización preguntándose qué será de su alma. Pero incluso en Israel es éste un anhelo tardío: los hebreos empiezan creyendo en un Yahvé guerrero, en liza con los ídolos, y poco a poco se transforma en un Dios más íntimo "y más universal por lo tanto", garante de mi eternidad. Escuchemos a Unamuno. MIGUEL DE UNAMUNO "El dios judaico, revelado entre el fragor del Sinaí", "se hizo más íntimo e individual, y más universal por lo tanto" Ese Yavé, el dios judaico, empezó siendo un dios entre otros muchos, el dios del pueblo de Israel, revelado entre el fragor de la tormenta en el monte Sinaí. Pero era tan celoso, que exigía se le rindiese culto a él solo, y fue por el monocultismo como los judíos llegaron al monoteísmo. Era adorado como fuerza viva, no como entidad metafísica, y era el dios de las batallas. Pero este dios, de origen social y guerrero, sobre cuya génesis hemos de volver, se hizo más íntimo y personal en los profetas, y al hacerse más íntimo y personal, más individual y más universal, por lo tanto. Es Yavé, que ama a Israel no por ser hijo suyo, sino que le toma por hijo porque le ama (Oseas XI, 1). Y la fe en el Dios personal, en el Padre de los hombres, lleva consigo la fe en la eternización del hombre individual, ya que en el fariseísmo alborea, aun antes de Cristo. Pfleiderer: "Ningún pueblo vino a la tierra tan sereno y soleado como el griego... pero ningún pueblo cambió tan por completo" La cultura helénica, por su parte, acabó descubriendo la muerte, y descubrir la muerte es descubrir el hambre de inmortalidad. No aparece este anhelo en los poemas homéricos que no son algo inicial, sino final: no el arranque, sino el término de una civilización. Ellos marcan el paso de la vieja religión de la Naturaleza, la de Zeus, a la religión más espiritual de Apolo, la de la redención (...). Recordad el Fedón platónico y las elucubraciones neoplatónicas. Allí se ve ya el ansia de inmortalidad personal, ansia que, no satisfecha del todo por la razón, produjo el pesimismo helénico. El ansia insatisfecha de inmortalidad produce el pesimismo helénico y las especulaciones del neopitagorismo y el neoplatonismo Porque como hace muy bien notar Pfleiderer (Religionsphilosophie auf geschichtlicher Grundlage, 3, Berlín, 1896), «ningún pueblo vino a la tierra tan sereno y soleado como el griego en los días juveniles de su existencia histórica..., pero ningún pueblo cambió tan por completo su noción del valor de la vida. La grecidad que acaba en las especulaciones religiosas del neopitagorismo y el neoplatonismo, consideraba a este mundo, que tan alegre y luminoso se le apareció en un tiempo, cual morada de tinieblas y de errores, y la existencia terrena como un período de prueba que nunca se pasaba demasiado deprisa». El nirvana es una noción helénica. Así, cada uno por su lado, judíos y griegos, llegaron al verdadero descubrimiento de la muerte, que es el que hace entrar a los pueblos, como a los hombres, en la pubertad espiritual, la del sentimiento trágico de la vida,que es cuando engendra la humanidad al Dios vivo. MIGUEL DE UNAMUNO, ‘DEL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA’ (1913)
dimecres, 3 de desembre del 2008
Llorar
MIGUEL DE UNAMUNO
"Un pedante le preguntó a Solón: '¿para qué lloras así, si de nada sirve?' y le respondió: 'por eso precisamente, porque no sirve'
(...) puede uno tener un gran talento, lo que llamamos un gran talento, y ser un estúpido del sentimiento y hasta un imbécil moral. Se han dado casos.
Estos estúpidos afectivos con talento suelen decir que no sirve querer zahondar en lo inconocible ni dar coces contra el aguijón. Es como si se le dijera a uno a quien le han tenido que amputar una pierna que de nada le sirve pensar en ello. Y a todos nos falta algo; sólo que unos lo sienten y otros no. O hacen como que no lo sienten, y entonces son unos hipócritas.
Un pedante que vio a Solón llorar la muerte de un hijo, le dijo: "¿Para qué lloras así, si eso de nada sirve?" Y el sabio le respondió: "Por eso precisamente, porque no sirve". Claro está que el llorar sirve de algo, aunque no sea más que de desahogo; pero bien se ve el profundo sentido de la respuesta de Solón al impertinente.
"Un Miserere, cantado en común vale tanto como una filosofía; no basta curar la peste, hay que saber llorarla"
Y estoy convencido de que resolveríamos muchas cosas si, saliendo todos a la calle, y poniendo a luz nuestras penas, que acaso resultasen una sola pena común, nos pusiéramos en común a llorarlas y a dar gritos al cielo y a llamar a Dios. Aunque no nos oyese, que sí nos oiría.
Lo más santo de un templo es que es el lugar a que se va a llorar en común. Un Miserere, cantado en común por una muchedumbre azotada del Destino, vale tanto como una filosofía. No basta curar la peste, hay que saber llorarla. ¡Sí, hay que saber llorar! Y acaso ésta es la sabiduría suprema. ¿Para qué? Preguntádselo a Solón.
Por qué morir
Ese pensamiento de que me tengo que morir y el enigma de lo que habrá después, es el latir mismo de mi conciencia. Contemplando el sereno campo verde o contemplando unos ojos claros, a que se asome un alma hermana de la mía, se me hinche la conciencia, siento la diástole del alma y me empapo de vida ambiente, y creo en mi porvenir; pero al punto la voz del misterio me susurra ¡dejarás de ser!, me roza con el ala el Ángel de la muerte, y la sístole del alma me inunda las entrañas espirituales en sangre de divinidad.
Per'xò estic tan gelós dels ulls, i el rostre,
i el cos que m'heu donat, Senyor, i el cor
que s'hi mou sempre ... i temo tant la mort!
JOAN MARAGALL, 'CANT ESPIRITUAL'
dimarts, 18 de novembre del 2008
"¡Si vieras qué filosofo!... ¡No dice nada!"

MIGUEL DE UNAMUNO
"El botero de Segovia, al no decir nada, se ha librado de la obligación de pensar, es un verdadero librepensador"
La palabra española "voluntad" es una palabra sin raíces vivas en la lengua corriente y popular (...). De querer tenemos el sustantivo querencia, que no se aplica más que a las bestias y significa el apego que cobran a un lugar o a una persona. Lo que en español sale de los órganos de la virilidad no es la voluntad, sino el deseo, la gana.
¡Gana! ¡Admirable palabra! Gana, término de origen germánico probablemente -aunque el español sea la lengua latina más latina, más que el italiano; la que contiene menos elementos germánicos-, gana es algo como deseo, humor, apetito. Hay ganas, en plural, de comer, de beber, de librarse de las sobras de la comida y de la bebida. Hay ganas de trabajas yu sobre todo ganas de no hacer nada (...).
"No me da la real gana, no me da la santísima gana", dice un español. Y dice también: "Eso no me sale de...la virilidad" (...). Y la noluntad, hija de la des-gana, conduce a la nada.
¡Nada!, otra palabra española henchida de vida, de resonancias abismáticas (...). ¡Nada! Así es como se ha producido ese especial nihilismo español -más valdría llamarle nadismo para diferenciarle del ruso- que asoma ya en San Juan de la Cruz (...) y que se llama quietismo en el español aragonés Miguel de Molinos.
Nadismo que nadie ha definido mejor como el pintor Ignacio Zuloaga, cuando, enseñando a un amigo su retrato del botero de Segovia, un monstruo a lo Velázquez, un enano disforme y sentimental, le dijo: "-¡Si vieras qué filósofo!... ¡No dice nada!".
No es que dijera que no hay nada o que todo se reduce a nada, es que no decía nada. Era acaso un místico sumergido en la noche oscura del espíritu de San Juan de la Cruz. Y acaso todos los monstruos de Velázquez son místicos de ese género (...). El botero de Segovia, al no decir nada de nada, se ha librado de la obligación de pensar, es un verdadero librepensador.
La anticultura
MIGUEL DE UNAMUNO
"La cristiandad nada tiene que ver con la cultura. Ni con la cultura latina, con c minúscula, ni con la Kultur germánica, con K mayúscula"
[Con la Reforma] empezó la era de las nacionalidades, de la diosa Francia y la diosa Germania (...). Y en adelante podrán unirse los ciudadanos sedicentes cristianos para un fin patriótico, nacional o economicosocial, pero nunca para un fin exclusivamente religioso. El tradicionalismo español enarbolará su lema de "Dios, Patria y Rey". Mazzini clamará "¡Dios y el Pueblo!", pero ese Dios no es el Dios del Cristo que huyó a la soledad de la montaña cuando las turbas lo quisieron proclamar rey.
(...) después de Constantino, cuando empezó la romanización de la cristiandad, cuando empezó a querer convertirse en letra, no el verbo, del Evangelio en algo así como una ley de las Doce Tablas, los Césares se pusieron a querer proteger al Padre del Hijo, al Dios del Cristo y de la cristiandad. Y nació esa cosa horrenda que se llama el Derecho Canónico. Y se consolidó la concepción jurídica, mundana, social del supuesto cristianismo. San Agustín, el hombre de la letra, era ya un jurista, un leguleyo. Lo era San Pablo. A la vez que un místico. Y el místico y el jurista luchaban en él. De un lado, la ley; de otro, la gracia (...).
El Cristo nada tiene que ver ni con el socialismo ni con la propiedad privada. Como el costado del divino antipatriota que fue atravesado por la lanza y de donde salió sangre y agua que hizo creer a un soldado ciego, nada tiene que ver con el Sagrado Corazón de los jesuitas (...).
La cristiandad evangélica nada tiene que hacer con la civilización. Ni con la cultura. Ni con la cultura latina, con c minúscula y curva y redondita, ni con la Kultur germánica, con K mayúscula y de cuatro puntas derechas, como las de un caballo de frisa. Y como sin civilización y sin cultura no puede vivir la cristiandad, de aquí la agonía del cristianismo (...).
La lucha del cristiano, su agonía, no es ni de paz ni de guerra mundanas (...). Nietzsche hablaba de lo que está más allá del bien y del mal. El cristianismo está más allá de la guerra y de la paz. O mejor, más acá que la paz y la guerra (...).
¿Y qué es eso del progreso? ¿Es que la historia tiene una finalidad humana, o, mejor, divina? ¿Es que no se acaba en cada momento? Para el Cristo, y para los que con él creían en el próximo fin del mundo, eso del progreso carecía de sentido. No se progresa en santidad. No se puede ser hoy, en el siglo XX, más santo que se pudo ser en el siglo II o en el IV o en el XI.
El vasco rebautizado
"Era necesario buscarle al niño un patrón celeste": y así, el viejo Íñigo se convirtió en Ignatius
[A Ignacio de Loyola ] prefiero llamarle Íñigo, proparoxítono, con el acento en la primera sílaba, porque éste era su nombre de pila, su pronombre, y no Ignacio. Íñigo, en efecto, es un viejo nombre ibérico, probablemente vasco que, en los documentos de la Edad Media, se escribía Enneco. No es el nombre de un santo patrón, ni tampoco lo es Diego, que viene de Didachus -San Diego de Alcalá fue canonizado bastante tarde-, ni tampoco muchos otros nombres españoles.
Era necesario buscarle al niño un patrón celeste cuyo nombre se pareciera al que llevaba. Así, a los Diego les fue adjudicado Sant Iago, por un análisis equivocado del nombre: San Tiago, ya que Diego empezó por ser Diago. Y se colocaron a los Íñigo bajo la advocación de Ignatius. Ignacio fue, pues, una latinización falsa de Íñigo. Tuve un amigo americano cuyo nombre era Everett y a quien en Salamanca llamaban Don Evaristo.
La letra y los vascos
"¿Por qué buscáis al viviente entre los cadáveres?. O sea: ¿Por qué buscáis la palabra entre los huesos?”
La letra es muerta; en la letra no se puede buscar la vida. Cuenta el Evangelio (según Lucas, XXIV) que cuando los discípulos del Maestro, despuñes de la muerte de éste, fueron el sábado a su sepulcro, encontraron la losa removida y no el cuerpo del Señor Jesús, y al asombrarse, se les presentaron dos hombres con vestido resplandeciente y les dijeron: "¿Por qué buscáis al viviente entre los cadáveres?". O sea: ¿Por qué buscáis la palabra entre los huesos? Los huesos no hablan (..).
"La lengua materna de Íñigo de Loyola, el eusquera, empezó a ser escrita merced al movimiento protestante”
Los protestantes, que establecieron el sacramento de la palabra -sacramento que mató a la eucaristía-, encadenaron a ésta a la letra. Y se pusieron a enseñar a los pueblos no tanto a oír cuanto a leer.
Y es curioso -sirva esto de diversión anecdótica- que la lengua materna de Íñigo de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, que es la misma que la lengua materna del abate de Saint-Cyran, el de Port-Royal, y la misma de mis padres y abuelos todos, el eusquera vasco, empezó a ser escrita merced al movimiento protestante. La traducción del Nuevo Testamento al vasco, hecha por Juan de Liçacarrague, un hugonote vascofrancés, de Briscous -en vascuence, Berascoya-, fue uno de los primeros libros, acaso el segundo, escrito en vasco.
MIGUEL DE UNAMUNO, 'LA AGONÍA DEL CRISTIANISMO' (1924)
Ensueño prenatal
“Parecía que soñaban en volver a entrar en el abrigado y tranquilo claustro materno", lo que “se parece al nirvana búdico”
En mi vida olvidaré el espectáculo de que fui testigo el día de San Bernardo de 1922 en la Trapa de Dueñas, cerca de Palencia. Cantaban los trapenses una salve solemne a Nuestra Señora en su templo, todo iluminado de cera de abejas neutras.
En lo alto del altar mayor se erguía una imagen, sin gran valor artístico, de la Virgen Madre, vestida de azul y blanco. Parecía estar representada después de su visita a su prima Santa Isabel y antes del nacimiento del Mesías. Con sus brazos extendidos hacia el cielo, parecía querer volar a él con su dulce y trágica carga: con el Verbo Inconsciente. Los trapenses, jóvenes y viejos (…) llenaban el templo con el canto de la letanía.
Janua coeli! –gemían- ora pro nobis! Era un canto de cuna, una brizadora para la muerte. O mejor para el desnacimiento. Parecía que soñaban en ir volviendo a vivir, pero del revés, su vida; en ir desviviéndola, en retornar a la infancia, a la dulce infancia, en sentir en los labios el gusto celestial de la leche materna y en volver a entrar en el abrigado y tranquilo claustro materno para dormir en ensueño prenatal por los siglos de los siglos, per omnia saecula saeculorum. Y esto, que tanto se parece se parece al nirvana búdico –concepción monástica-, es también una forma de agonía, aunque parezca lo contrario (…).
La inmortalidad del alma, del alma que se escribe, del espíritu de la letra, s un dogma filosófico pagano. Un dogma escéptico, acompañado de una trágica interrogación. Baste leer en el Fedón platónico para convencerse. Acaso aquellos piadosos paganos soñaban morir como los trapenses de Dueñas, dormirse para siempre en el Señor, o en el seno de Deméter, la Virgen Madre, y dormir sin ensueños, acabar muriendo como los hombres de la primera edad, de la edad de oro, de quien nos dice Hesíodo (Los trabajos y los días, 116) que morían como domados por el sueño.
MIGUEL DE UNAMUNO, ‘LA AGONÍA DEL CRISTIANISMO’ (1925)
Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» (Juan 3:4).
Brad Pitt vive hacia atrás en "El curioso caso de Benjamin Butto" (La Butaca, estreno 2008)





